miércoles, septiembre 15, 2010

Educar al grito de guerra


Que los niños héroes, ni eran niños, ni eran héroes; que Porfirio Díaz no fue siempre tan villano como se cuenta; que Antonio López de Santana amaba a México y pudo ser el primer nacionalista; que Benito Juárez intentó abrir un camino comercial que uniera al Pacífico con el Atlántico (lo que ahora es el Canal de Panamá) por el Istmo de Tehuantepec y, aunque no duró tanto como Díaz, también fue un dictador; que algunos de los que iniciaron la Guerra de Independencia en realidad querían otra cosa, se les fue de las manos y terminaron luchando por nuestra libertad; que Estados Unidos ha manejado nuestro destino durante casi 200 años, son datos que pueden impactar a cualquier adolescente de secundaria. Al final, esto resulta ser más traumático que saber que el Niño Dios, Santa Claus y Los Reyes Magos, no son quienes nos traen en persona los regalos navideños.

No lo he vuelto a ver para agradecerle, pero mi profesor de segundo y tercero de secundaria, Ocampo, rompió con mi versión rosa de la historia de México y eso, sin duda, influyó en mí para quien soy ahora. De plano nos dijo que las monografías de papelería y los libros de texto no servían para nada, que no existía uno solo que sirviera para la clase y nos pedía que investigáramos, en más de una fuente, para que escribiéramos en nuestro cuaderno empastado lo que descubrimos del tema. A mí y a mis compañeros, nos parecía inútil esta labor. Sin embargo, ahora pienso que, en realidad, hizo que creáramos nuestros propios libros de historia.

Estemos de acuerdo o no con estas versiones de la historia, en aquel momento el maestro nos movió el tapete y, obvio, lo juzgamos de loco y mentiroso porque siempre nos habían dicho otra cosa. “Ni modo que todos estén equivocados, menos él”. Entonces, en mi casa encontré un libro de González Blackaller y descubrí esas otras versiones. El hallazgo me garantizó dieces en la materia (lo recuerdo bien porque tuve pocos en la secu).

Menciono lo anterior luego de que en todo este sano debate que llega con las fechas, hay una constante: la educación. Éste es el punto de acuerdo, y entender lo que sucede en nuestro convulsionado país es comprender cómo estamos en cuestiones de educación formal y, sobre todo, no formal. Sí, puedo tener un buen maestro en la escuela que me enseñe de la historia, pero de nada sirve si en casa no recibo atención o soy violentado.

Mi madre me contó hace años que tuvo un alumno que cuando grande quería ser violador. Hoy, es de lo más común encontrar niños que quieren ser narcos y las razones son simples: no estudian, tienen mucho dinero, viejas, casas, camionetotas, les hacen canciones chidas y además salen en la tele. Si en casa apenas como y tengo un papá desempleado, obvio que aspiro al narco. O más de cerca, si no tengo trabajo, a nada le atino y tengo una familia que urge de alimentos, el narcoempleo siempre tiene las puertas abiertas para mí.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Sí, vale la pena exigir mejor educación a los gobiernos pero, sobre todo, estar atentos con lo que hacen, ven y piensan nuestros hijos. El ejemplo me sirvió para darme cuenta de que mi padre, en su época de muchos meses de desempleo, prefirió no llevar dinero a la casa que aceptar un trabajo ilícito. Hoy, vemos a muchos empresarios valientes y ejemplares que prefieren cerrar sus negocios cuando son obligados, por los sicarios, a vender drogas. Valdría la pena reconocerles su heroísmo en estos tiempos, porque a su manera defienden el país y educan más de lo que pueden creer.

Leer para conocer nuestro pasado y nuestro presente, observar la realidad con sentido crítico, nuestras vidas con sentido autocrítico, discutir (en el sentido enriquecedor del término), exigir mejor educación y, sobre todo, educar con el ejemplo, son las armas que podemos emplear cuando, como dice el himno, nos ponemos los mexicanos al grito de guerra.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que ondas? hace mucho que no venia a visitarte.
Este en particular me pone en un pensamiento paralelo al tuyo, ya tengo un par de anos trabajando en el sector educacion (nunca lo imagine) eso que tu dices lo pienso a diario, con mis pequenitos de 5 que tienen todo una vida por delante y suenos por cumplir.. el 1ro de ellos hablar ingles y encajar en la cultura y eso lo hace tan interesante y divertido a la vez, lo disfruto tanto... mi hija asiste a una clase de nivel preparatoria donde precisamente tienen que hacer sus propios ensayos, y leer, leer y seguir leyendo... la razon mayor que la llevo a esta clase fue a su pasion de defender sus ideales y de probarlo con su experiencia en los libros, documentales y su manera de razonar....
Gracias me alegro que en algunas cosas sigamos conectados! Blanca, con carino desde Gainesville

Francisco Rojas Cárdenas dijo...

Que le hayas dado la oportunidad a ella de crecer a su ritmo, habla mucho de tu sensibilidad. Te admiro mucho Blanca. Te mando un beso enorme. Gracias por leerme