lunes, septiembre 20, 2010

97 y 104

La señora teje sentada en una silla. Le hablamos. Responde con amabilidad. ¡Pasen! dice con entusiasmo, apenas se puede levantar, deja su tejido, camina y nos habla de sus plantas, de cómo le gustan las flores. Son mi alegría, me quieren porque las quiero, también tengo chiles y allá atrás tengo un palito de limas. ¡Vayan! Agarren una bolsa de plástico y llévense unas. La seguimos lentamente hasta la parte trasera de la casa. No le ayudamos a caminar. Para ella es un logro valerse por sí misma. Para nosotros, un milagro. Mi esposo está recostado. Es que ya está viejito, nos dice, y se entiende la broma luego de que nos confiesa su edad. Yo tengo 97 años. Echamos una decena de limas. ¡Pero llena la bolsa! ¡Ahí tenemos mucho!, reprende con amabilidad. Estamos en un rancho llamado Palmitos. Estamos casi 100 años atrás. Bueno, 104, si se trata de hablar de la edad de Don Chuy, quien sale del baño, levanta una silla de plástico y la acerca para platicar. Se sienta, sube los pies en la silla y recoge las piernas con los brazos. Es como un pequeño tótem. Toda la gente recuerda que así se acomoda desde siempre.

Nos hablan de sus 6 hijos, de sus casi 30 nietos, de sus muchos más bisnietos, de las vacas que vendieron porque ya no las pueden atender. Es lo que le dije, mira, vendemos las vaquitas y nos compramos una buena para nosotros, explica ella. Nos da ocho litros diarios, agrega él, quien recuerda todo, quien habla poco, quien nos observa mientras pensamos en sus muchos años y nos damos cuenta de la brevedad con que ellos nos hablan de su vida.

Fui jimador. Hacíamos vino en una taberna que tenemos por aquí. Venían arrieros desde Zacatecas. También fui curtidor. Escuchamos historias. Las que él nos quiera contar, las que ella nos quiera compartir. Él de lo que hacía, ella de la familia. Nos ayuda una nuera. Viera qué buena me salió. Es como mi hija. También nos viene a ayudar una nieta. Algunos se van para Estados Unidos. Nos mandan un dinerito. Nos invitan a que vayamos. Éste no quiere, dice que no, que para qué va. Que mejor se queda.

Nos hablan de los mosquitos que hay ahora y antes no, de las muchas horas que hacían para cruzar la barranca y llegar a Tequila, de lo mucho más que hacían para Guadalajara, de lo poco que ahora se hace porque ya hay carretera y de la camioneta que les regaló un nieto por si hace falta llevarlos al doctor, consigan un chofer y los lleven.

Escuchamos. La vemos sonreír, a él contemplar distraído la casa donde se crió, los árboles de en frente, quizás recordando más su pasado. Nos hablan de las gorditas con manteca que cargaban los arrieros, del ponteduro hecho con maíz y la panocha del piloncillo, de los rollos de carne seca que traían de El Teúl y de Florencia a cambio de tequila.

Yo le digo a ella que ya se deje de obra, que ya deje las plantas, pero no se está en paz. Mire, él me dice eso, pero mis flores son pura felicidad, mi alegría. ¿Para qué quiero estar ahí sentada sin hacer nada? Yo disfruto mis plantitas, mis florecitas, yo las riego, les hablo bonito y ellas me quieren… Luego hay gente más nueva que yo que ahí se ve toda viejita.

Así sucede. No se están en paz. Ayudados de su bordón caminan, se cuidan, siguen juntos y encuentran en unas flores, en la próxima celebración de los 105 años, en la llegada del nuevo bisnieto, motivos para continuar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

...... una vida que a los 97 aún quiere continuar!!!!

Anónimo dijo...

Osea ahora si te salio de maravilla y lo mejor de todo es que con tus lineas pude trasportarme hasta el jardín de la señora y pude ver las flores bonitas ...que envidia que hayas podido ser testigo de algo tan bello como lo es una vida de 97 y 105 años !!!! Genial y FELICIDADES de nuevo hombre talentoso....este si me llego al corazón.Gracias por presentarme a esta hermosa pareja y llevarme a conocer su casa y su vida.

Anónimo dijo...

Que bonitoooo!!! me recordo a mi abue, en su rancho, con haartos arboles frutales. Apenas se podia y andaba dandole de comer a sus muchos animales y contando historias que.... naaaaa algunas eran algo fantasiosas. Que pena que no les damos el tiempo que merecen.
Un besote y felicidades.
Miriam