viernes, junio 17, 2011

Un sueño

Abro los ojos y observo el cielo tras mi ventana. Sigue oscuro. Reviso el reloj. 5:30. Reviso lo que acabo de soñar. Es común que en cuanto nos levantamos ya olvidamos aquello que soñamos mientras dormíamos. Repaso lo que apenas recuerdo, estiro la mano y levanto mi cuaderno que siempre dejo al pie de la cama. Alcanzo un lápiz y escribo en la oscuridad. No hay tiempo para encender la luz. Después duermo.
Ya que el sol me lo permite, despierto de nuevo y encuentro las notas que aparecen en el cuaderno. Apenas les entiendo y hago un esfuerzo por traer las imágenes de lo que soñé. Y recuerdo que mi abuelita Lila me visitó.
Aparezco en distintas vidas paralelas, me pongo los zapatos de otros, me extravío en calles que nunca he visitado pero conozco, calzo tenis rosas fluorescentes. Sólo mi hermano Hugo usaría unos así. Encuentro a mi mamá. ¿Te has dado cuenta de todo?, le pregunto para saber si en cada paralelo entiende lo que ocurre. Asiente y voltea hacia mis pies. Sabe de quién es lo que traigo puesto.
Un Cri-Cri de barro, gastado, viejo, aparece en una repisa. Me lo acerca mi abuela. Se lo pone en la oreja. ¿Qué dice?... Escucha a la figurita. Que ya no dejes salir a tu campanita. Soy lo que ahora, pero soy un niño.
En el ambiente escucho Así, de María Grever. Se repite muchas veces.
¿Y qué más dice? Me contesta algunas borucas y se ríe. Es que sólo yo entiendo lo que dice, me comenta.
En el cuaderno aparecen notas que me revelan lo que entendí al despertar en la madrugada. Cuando era niño, mi abuela Lila unía sus manos para simular una cajita donde guardaba un grillito que le decía cosas. Lo acercaba a mi oreja y yo escuchaba también, aunque no le entendía. Es que sólo yo puedo entender, explicaba con su tono enigmático.
Esa estimulación a imaginar era recurrente en ella. No pierdas tu campanita. ¿A qué se refiere? Hay que abrir la mente a posibilidades: Campanita es un hada, y para tener contacto, hace falta aprender a escuchar lo que dice quien está en la cajita de las manos. Ser niño. Abrir el corazón a serlo. En Peter Pan, negar la existencia de las hadas era asesinarlas. El consejo llega ahora que intento rescatar esa parte.
Los sueños, los eventos cotidianos, una frase, un gesto, el color de la mañana, todo es un mensaje que aprendo a leer, a interpretar. Y visitas como la de anoche, siempre son un placer. Por ahora, escucho canciones de María Grever y Vicente Garrido.

jueves, mayo 19, 2011

Güelcom tu Tijuana



Hace más de un año surgió la oportunidad de dar un taller para maestros en Tijuana. Ésta se concretó apenas hace unos días. La experiencia fue bastante rica de manera integral.

I

Trabajé con maestros. Eran de primaria, secundaria, preparatoria, así como una estudiante de la Normal y otra persona que trabaja con jubilados. Sin duda, venir de una familia de maestros siempre ayuda para comprender que no es fácil romper esquemas y experimentar algo “nuevo”, sin embargo, me correspondió hacer notar que la práctica de la escritura está abierta para todos, sin importar si tenemos talento o no. Siempre cito un ejemplo: “Mis hermanos juegan futbol todos los domingos, lo disfrutan, van para convivir, hacer algo de ejercicio y tener una anécdota qué contar en la semana. Sin embargo, no tienen menor interés de ser profesionales. Saben perfectamente que no tienen condiciones para cobrar por jugar, ni para ser famosos y salir en televisión. Aún así, practican el futbol. ¿Por qué no somos así con las artes?”.
En efecto, alguien nos dice que somos malos para cantar, escribir o bailar. O muchas veces, vemos a alguien “con talento” a un lado de nosotros, nos comparamos y decidimos que mejor dejamos de dibujar, por ejemplo. Así fue mi punto de partida. Con la intención de que recuperaran el valor por practicar lo que les guste pero, sobre todo, de que cuiden que sus alumnos comprendan que no porque “crecieron” ya no deben cantar o dibujar, ni porque les descubre el diario, dejen de escribir.
Así pues, hicimos ejercicios que me gusta practicar. Cosas tan simples como descubrir la palabra preferida y por qué, hasta más metódicas como la teoría del “binomio fantástico” de Gianni Rodari o el proceso creativo de Guillermo Samperio. El resultado se empezó a notar en el segundo día, quizás porque habían ya procesado lo que antes les quería transmitir, porque ya venían más dispuestos a jugar y crear. Nos divertimos. Sus expresiones al final y algunos compromisos personales, fue lo que me traje en la maleta de viaje.

II

A Tijuana no había viajado desde los 10 años. Entonces la recuerdo calurosa, muy entre sueños, en casa de mi tío Efrén, con calles anchas. Las calles siguen ahí, el calor se aparece de repente, y los sueños topan con una pared llena de cruces blancas.
Recibí demasiada información, difícil de expresar a través de tan poco espacio. Desde luego que me impresionó entender que desde el centro, uno puede irse caminando hasta El otro lado. Donde sea se puede pagar con dólares; el concepto de “turismo” es muy distinto al que recibimos, por ejemplo en Vallarta o Tequila, pues se trata de lo más cotidiano encontrar gabachos por todas partes y noto que son más vistos como vecinos; existe una especie de envidia o rencor hacia el vecino de al lado que, por otra parte, hace que se eleve el orgullo por símbolos de identificación, como los tacos. Vi mucho gringo invadiendo puestos de tacos donde la grasita les da el toque; la imagen del migrante, de cualquier parte del país o Centroamérica, es igual de cotidiana que la del norteamericano. La multiculturalidad es la norma.

III

No se concibe la cultura sin tomar en cuenta la influencia de los Estados Unidos. El movimiento cultural está condicionado a lo que hay en San Diego o Los Ángeles. ¿Para qué poner una galería de arte aquí, si la gente que compra está allá?, por ejemplo. La ciudad cuenta con un espacio envidiable que financia Conaculta. El Centro Cultural Tijuana (sitio donde impartí el taller), es un sitio que tiene espacio para todo: teatro, danza, literatura, plástica y hasta pantalla IMAX. Sin embargo, ¿fuera de ahí qué sucede?
Me sorprendió ver un museo con exhibición permanente en la planta alta. El formato del lugar me haría pensar en sitios al nivel del Centro Nacional de las Artes, en el DF, o el Hospicio Cabañas, en Guadalajara, en cuanto a su uso. El Museo de las Californias tiene una colección como para ser vista en un espacio exclusivo, pero puedo comprender por qué permanece la muestra allí. El Cecut es un fuerte, infranqueable, impenetrable, con la autoridad federal como vigilante. Es un sitio donde se cuida que las manifestaciones artísticas permanezcan, sin importar lo que hagan o dejen de hacer al otro lado. Es el bastión que comunica a Tijuana con el resto del país, de “su” país.



Me quedo impresionado con las imágenes de la exposición temporal “Evidencias”, de Lorena Wolffer, donde la artista hace una reflexión acerca de la mujer violentada en México a través de piezas armadas con vestidos tradicionales. Pocas veces he podido ver cómo el arte popular se integra al arte contemporáneo con tanto tino.
Seguro que mi observación puede ser poco precisa, pues sólo estuve tres días por allá y me faltó ver más del trabajo del Instituto Municipal de Arte y Cultura que, por cierto, realizaba en ese momento su Feria del Libro.

IV

Coincidió mi visita con la inauguración de la 29 Feria del Libro Tijuana 2011. A un costado del Cecut, un centro comercial (Plaza Río) cede parte de su estacionamiento para abrir espacio a los libros. Unas seis carpas fueron colocadas para dos lugares de exhibición y se conserva una sección para los niños. Esta actividad que entre sus homenajeados tiene a Federico Campbell –de quien aprendí mucho en la universidad, pero sobre todo en una entrevista donde por cierto dijo estar equivocado en conceptos que aparecen en los libros que estudié–, es coordinada entre el Instituto de Cultura y los libreros, y eso me hizo recordar a la Feria Municipal del Libro y la Cultura de Guadalajara en su composición. Por otra parte, en dos foros se realizaban presentaciones de libros.
La Feria me parece una actividad vital para la región, donde el público se puede acercar a los autores locales para verse desde otros ángulos, y donde se realizan actividades permanentes de fomento a la lectura.
En la sección infantil, noté un esfuerzo por ambientar el espacio, con resultados efectivos de estudiantes de Diseño, aunque sin unidad. Quizás les hace falta un concepto por abordar. Los talleres, abiertos al público, no deban claro para qué edades estaban dirigidos, a qué hora iniciaban y concluían, de qué trataban, ni quién los impartía. Me interesó uno de encuadernado que se veía buenísimo, pero me dijeron que el siguiente sería: “mañana, a las 11:00”, cabe mencionar que en ese momento eran las 2:00 de la tarde. Lástima. Me lo perdí. A un lado, unos narradores que se presentaron como Los Juglares, soportaban los martillazos de este taller a lo largo de sus historias. Aún así, insisto, tener un espacio así en cualquier ciudad es bastante halagador.
El surtido de libros: rico y variadito. Desde los temas religiosos hasta la literatura, pasando por la autoayuda, hasta revistas podían encontrarse, así como gráfica y rarezas de librerías de viejo.

V

Ver la vida nocturna me hizo pensar en mi edad. Jaja. La verdad es que en La Revo hay antros para gustos variados. Rock, banda, pop, mariachi, blues, de casi todo. La verdad es que los antros me aburren. Las cantinas hacían sonar su música norteña. El neón y el ruido crecía conforme llegaba al centro, y conforme pasaba la noche, aparecían los gringuitos que de este lado ya son mayores de edad, cargándose entre sí, borrachitos, con mucho menos dominio de sí mismos que los locales. Muchos de ellos son hijos de mexicanos que no saben, o apenas, hablan español. Ya en pleno centro, la adrenalina fluye. Un tipo, otro, otro más, ofrecían al paso “lo que sea”. Las chicas esperaban clientes afuera de bares y hoteluchos, las más guapas (obvio) eran hombres. La diversidad sexual es una situación que no asombra a nadie y el flujo de autos y de personas hace pensar que el día nunca termina. Tacos por aquí, por allá, a 11 pesos. Nada se veía limpio, pero aún así me animé donde había más gente. Eso nunca falla. Me comí uno de asada y uno de tripas. Sí, me arriesgué en este último, pero mi estómago lo resistió. Mucho americano probaba los mexican tacos de a deveras.

VI

Tijuana tiene a su gente en pie. A la sombra de un gigante, soportando ideas erróneas de lo que es México; orgullosa de Rosarito, de sus viñedos, de la otra Baja; con la violencia que vivimos en todas partes, pero con organizaciones civiles que hacen algo al respecto; con dios y con el diablo. Se trata de gente amable, la mayoría oriunda de otros lugares del país que quizás vino para pasarse al otro lado y decidió vivir en la orilla. Ya son personas que no se asombran con el sueño americano. Van, hace “chopin” y regresan. ¿Para qué quedarse allá? Si cruzando el río está su casa, su familia y su trabajo.

VII

Debo agradecer a quienes me atendieron allá: Vianett, Joanna y Claribel. También a Karla Sandomingo y Francisco Arvizu por haberme recomendado para impartir ese taller. Y, desde luego, a todos los profes que me hablaban de “usted”, jaja, no me acostumbro.

jueves, mayo 12, 2011

Fotos






Rocío Lomelí me citó en un café para platicar de su proyecto. Se trataba de una exposición de fotografía en Lagos de Moreno. Necesito un texto de sala, me dijo. Observe sus fotos, me agradaron, charlamos acerca de su trabajo, de por qué tomar imágenes debajo del agua, intercambiamos impresiones y me llevé tarea. En casa hice apuntes, intenté encontrar a la persona debajo de lo que dice, creí encontrarla y me puse a escribir. Ausencias, se llamaba la muestra que poco después inauguró en una pequeña galería. Fue un éxito.
Así comenzó un intercambio. Hice lo que sé hacer: escribir, a cambio de lo que ella sabe hacer: fotografía. Su tiempo contra mi tiempo. Los dos quedamos satisfechos. Como "cambalache", Rocío me hizo un estudio de fotografía. Jamás me imaginé que yo haría uno. Pero sentí que era el mejor momento. Le expliqué que nunca me he sentido tan bien conmigo, y tampoco recuerdo haberme querido tanto como en esta época. Quiero que marque un inicio, le dije. Además de que siempre sirve tener fotos a la mano, más allá que las de reuniones sociales y las de cabina. Deseaba unas fotos donde me viera bien, donde me gustara.
Fuimos al Parque Agua Azul, para trasladarme a esos paseos a los que me llevaban mis papás cuando era niño, cuando vivía en Gigantes, cuando todavía era el zoológico de la ciudad y la sede de Fiestas de Octubre, cuando había un laguito y patos. Me vi de cinco años, de cuatro. Y entre quinceañeras que coqueteaban con la cámara para la foto de ingreso a su fiesta, Rocío hizo su parte: me tiró al piso, me hizo volar, colgué los pies del columpio, reí en la resbaladilla, mordí una soga, me senté en el foro infantil, recordé que antes se presentaban obras de teatro, viajé al pasado, me sentí galán, sonreí, me dejé acompañar por Anna.
Días después, Rocío me entregó una cajita con fotos mías en la portada. Los colores cálidos son una constante, abrí los documentos del disco en cuanto llegué a casa y me sentí soñado al ver más de 100 imágenes que me encantaron. Fue un maravilloso regalo, de esos en los que el amor propio se manifiesta para abrazarme. Sentí lo que quizás mi fotógrafa sintió al leer lo que le escribí. Fue un intercambio justo, profesional y del corazón.
Por lo pronto, una imagen ya fue publicada junto al texto que envié para que fuera publicado en una revista de Memphis. Se ve bien.

36

Estabilidad. Supongo que de esto se habla cuando se refieren a crecer, madurar, "ser adulto" (en el mismo sentido erróneo y peyorativo que utilizan los términos "infantil" o "niño"). Así llego a los 36.

lunes, mayo 02, 2011

Revelaciones

En días como este o aquellos que han pasado y vienen, me cuestiono acerca de mis ingresos económicos. Gasto tiempo al pensar en “cómo sería si…”, me desespero. Veo que este sistema free lance es complicado. Trabajo, cobro, no hay, después, dame chance, no era como quería. Mientras tanto, sangro a la familia, a los amigos, luego te pago, cuando veo que realmente no hay cómo, no por lo pronto. Perseguir sueños desgasta, cansa emocionalmente, es una afrenta constante a la esperanza misma, la mayor prueba de paciencia.
De repente, me doy cuenta de que si sigo sin familia es por esto; porque quizás, de manera inconsciente, ha sido parte de la lucha; porque si tuviera el deber de llevar sopa a mis hijos, no estaría empeñado en escribir; porque ni siquiera tendría esta oportunidad de andar disperso como en ahora mismo; porque, quizás entonces, no me importaría vivir como ser corrompido.
Dice J. M. Rilke en Cartas a un joven poeta: “Por lo que toca a mis libros, me gustaría mucho enviarle todos los que pudieran alegrarle de algún modo. Pero soy muy pobre, y mis libros, en cuanto aparecen, ya no me pertenecen”. Sin embargo, no tengo una sola señal de duda respecto de lo que quiero hacer, acerca de que esta es mi vida, mi misión, y a esto debo mis dones, que Dios me acompaña, que no hay manera de que me deje en el desamparo. Entonces, noches como la de anoche, de revelaciones, me tranquilizan el espíritu. Mi cuerpo flota un poco sobre la cama, para después posarme sobre una colchoneta en el piso, hay dos paredes de ventanales, techo de dos caídas y frases pintadas de algunos poetas, o mías; estoy en el cuarto de azotea de Tabachines, salgo de ahí y me veo quemando papeles, al fin supe qué hice con mis primeras libretas de escritos, me veo salir de casa de mis padres para caminar y calmar mi furia, pongo música mientras duermo, me levanto a media noche, enciendo una vela y me pongo a escribir, lloro mientras lo hago, pateo un sillón, me tranquilizo, hago oración, escribo de nuevo, dibujo así ese instante, le compongo una carta al hijo que no he tenido, le hablo de mí, entrego el corazón una vez, otra, otra, como todo amoroso. Me veo entonces platicando con mis compañeros de prepa, de secundaria, doy vueltas por las dos escuelas en busca de mi espacio, no lo encuentro, entonces pensaba tenerlo extraviado durante tres años en un lugar, luego en el otro, no lo hallo, no existe, no ahí, no con esas personas.
La Osa Mayor, Casiopea, Pléyades, Tauro, El Dragón, Can Mayor, Can Menor, y muchas otras constelaciones y estrellas me escuchan. Les pregunto dónde debo estar. Llega a mí el olor de una fogata, del pino, del roble, escucho el susurro de un arroyo, hace frío, siento en mis manos la humedad del piso, lleno mis pulmones de aire, la duda flota, mi cuerpo también, y me trae aquí, a Montenegro, y la duda aterriza conmigo. No existe. Entonces sólo veo todo lo que falta por hacer, pienso que no necesito más que lo necesario y que si dejo de preocuparme -quizás entonces, quizás ya viejo pero no importa-, todo se resolverá, liquidaré mis deudas y tendré lo suficiente para compartirlo con mis hermanos, con mis otros hermanos, con mis amigos, con quienes no me conocen pero tienen curiosidad acerca de mí.
Un halo de tranquilidad entra en mi cuerpo. Respiro de manera pausada, me sirvo un vaso con agua, me siento en la mesa del comedor, veo que anoche terminé un cuaderno más de apuntes (tengo más de 10 años trabajando en ellos) y preparo el que me trajo mi Tía Martha de Oaxaca. El aire fluye mejor. Trabajo, también estudio, también disfruto, y hablo con el Francisco de Asís de papel maché mientras mis músculos se relajan. Cierro los ojos y no tengo más que pensar que esta vida, así como es, me gusta.

lunes, febrero 14, 2011

Días de contar



Una caja de chocolates. Tío, tío. La sonrisa de Grettel. Anoche me dormí preocupado por levantarme temprano. Así lo hice. Releí un cuento de Javier Villafañe, otro de Ana María Machado, busqué algún cuento mío, me metí a bañar, me vestí, me puse la camiseta negra que Maya me regaló y salí de casa. Camino a la escuela pensé en todo lo que disfruto cuando leo para niños y todo lo que aprendo mientras los observo y escucho.

Unos honores a la Bandera con mi sobrina en la escolta y una compañera suya, de apenas cinco años, tocando el tambor, ya valieron la pena. Al final, luego de romper formación, regresaron todos los niños de aquel preescolar con sus sillas. Mientras tanto, observaba detrás del alambrado la primaria donde estuve, recordé aquel rincón donde con butacas inservibles hicimos un escondite y aquella ocasión en la que, al intentar saltar la reja, me quedé atorado de un pie y quedé colgado de cabeza.

Les tenemos una sorpresa, dice una de las maestras. Entonces me presentó. Los niños aplaudieron y con un inaudito silencio pusieron atención a lo que hacía Sebastián mientras daba la vuelta al mundo en su triciclo, y mostraban asombro por todo lo que Camilón Comilón cargaba en su cesta. A lo lejos, escuchaba que en la primaria se presentaba un mago con una botarga de Bob Esponja. Pensé en Sebastián, en Camilón, en la magia que logran producir con la imaginación de los espectadores y con su participación en la construcción de un cuento. Así narré al final el inédito de los crayones.

Fue lindo. Un regalo especial para los niños, aún más para Grettel, pero de un enorme aprecio para mí. Situaciones así refrendan mi gusto por dirigirme a ellos, por escribirles, mi compromiso de no dejarlo. Los aplausos, la atención, esas nubes invisibles llenas de imágenes que pude ver sobre la cabeza de todos y, claro, los chocolates que me dieron, valieron la pena.


Ah, hoy es día del Amor y la Amistad. Luego supe que por eso me invitaron. Nunca le tomo importancia a la fecha. Es lo de menos. Lo “de más”, fue el hígado encebollado que me invitó a desayunar mi cuñada al retirarme de la escuela.
Las fotos son tomadas por Pati. La de Grettel es después de la escolta. Linda ¿no?

martes, enero 18, 2011

Valeria en bicicleta


Valeria anda en bicicleta,
pedalea por la calle,
pedalea rumbo a Puebla,
pedalea hasta volar.

Valeria escucha al viento,
vuela hasta llegar al parque,
vuela y sube la montaña,
vuela para ir sobre el mar.

Nada detiene a Valeria.
Sueña, viaja, canta y ríe,
mientras llega a otros mundos
porque va con su mamá.

Dale, dale, con tu bicicleta.
Dale, duro, llévame a viajar.
Dale, dale, nunca te detengas.
Dale, duro y no te bajarás.

miércoles, enero 05, 2011

Bodas

Poco antes de que cerrara el año, publiqué en el facebook que me casaría. Era 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Entonces empecé a leer desde risas y mensajes de incredulidad de los que sabían que aquello era una broma, así como felicitaciones que a la fecha se convierten en dudas: "¿de verdad te vas a casar?".
También me llegó la noticia de que Martha se casa en mayo y de que en estos días Yessika sube al altar a dar el sí. Ellas dos son parte importante de mi historia, y aunque les deseo lo mejor siempre, ha pasado tiempo y se convirtieron en grandes amigas, no dejo de tener una rara sensación. ¿Nostalgia? Quizás.
Todo esto me ha puesto a reflexionar acerca de lo afortunado que soy, lo bien amado que ha sido mi corazón y cómo esas personas que forman parte de mí son valiosísimas, capaces de hacer feliz a quien sea.
Pancho Rodríguez dice que nos parecemos a una escena de "Los reyes de la colina", donde los hombres se sientan en la banqueta mientras ven pasar la vida. Así veo cómo se casan, se separan, se juntan de nuevo, nacen niños, crecen y yo, solo.
De mi terapia aprendí que ser soltero es una opción. La felicidad no es una mujer, una casa, un auto, unos hijos. La felicidad es parte de nosotros, la traemos cargando, pero en ocasiones necesitamos al otro, como espejo, para poderla ver. Estoy feliz así, y a mi madre le preocupa, a algunos amigos que seguro hacen comentarios también y agradezco esas muestras de cariño. Sin embargo, tengo un estilo de vida que disfruto.
La lista de personas a las que debo agradecer que se hicieran cargo de mi corazón es larga. Muchas veces, incluso, he hecho daño y esa es una pena con la que debo lidiar y de la que me hago responsable. A veces la gente me quiere más de lo que puedo quererla y eso duele. Otras, sucede lo contrario. Cada una tiene importante influencia en mí, en lo que soy, me han convertido en la persona que esto escribe. En todos los casos, mi amor es suyo.

miércoles, diciembre 22, 2010

Previo a "La ruta de los niños en el Paisaje Agavero. Un diario de viaje"

Este texto me lo encargó Ana Lucía González, para incluirlo en su reporte a la Secretaría de Cultura. El libro se publicará en enero. Lo transcribo tal cual es:

La cultura infantil en México se ha desarrollado de la mano del mercado editorial y las instituciones. A pesar de que su motor es, en buena parte, comercial y política, poco a poco ha dejado atrás aquella preocupación proteccionista que veía a la infancia de la mano de la inocencia y la ternura, para mostrar el mundo tal y como es. Los niños son una realidad, viven, no son ciudadanos del futuro, son habitantes del presente y observan, se preocupan, piensan, reflexionan.

Este proyecto, para el que se unieron la Ruta del Tequila y la Secretaría de Cultura, no sólo es una muestra de voluntad política movida por preocupaciones comunes, sino una manera de acercarse a la comunidad de una región (como todas en México) llena de riquezas, pero con un capital humano y natural que la ha catapultado a la vitrina internacional.

Una región como la que rodea al Volcán de Tequila, ha comprendido poco a poco que el turismo trae beneficios a sus hogares. Y quizás lo que le falte comprender es que esta gente llega a visitarlos por su historia, por ese patrimonio que tiene su base en la vida cotidiana.

Por todo lo anterior, ha sido para mí de un aprendizaje invaluable participar en el proyecto al lado de Ana Lucía González y Margarita Arana. Quienes me invitaron a ser parte con lo creativo para llevar la experiencia a un libro, a algo tangible capaz de pasar de mano en mano y de oreja en oreja.

En más de diez años de trabajo como promotor de cultura infantil y en la parte editorial, me había encontrado con esfuerzos valiosos donde las instituciones dan voz a los niños a través de textos o dibujos para llevarlos a publicaciones. Sin embargo, he notado que esta preocupación terminan por ser enriquecedora para la pequeña muestra de quien participa y para algunos adultos que encuentran algo valioso por el esfuerzo que representa. Sin embargo, estos libros no se quedan en el gusto de los niños. Se quedan en el área de lo políticamente correcto. Los niños reconocen algo de calidad, de valor estético en el primer instante.

Fue por eso que buscamos un producto híbrido que en lo visual contara con la calidad de un profesional, con intervenciones de los niños de la región. El libro que trabajamos es un experimento, un riesgo que valía la pena correr, donde se pueda ofrecer algo atractivo para ellos sin dejar de lado la participación de la muestra de niños de los municipios de Teuchitlán, Ahualulco, Etzatlán, Tequila, Magdalena, El Arenal y Amatitán, ni el elemento educativo que parte de su reflexión.

La metodología planteada por Ana Lucía fue fundamental para no perder la brújula y, sobre todo, para no cargar todo el peso hacia lo institucional y ser congruentes con el objetivo de dar voz a los niños, hacerlos reflexionar acerca del valor de su patrimonio y regresarles esa experiencia a través de un libro.

Para mí como escritor ha sido de mucho aprendizaje trabajar en equipo, tener una sombra que cuida cada línea para no perder el sentido de las cosas. Como editor me queda claro que, por lo general, para un autor y un ilustrador es muy difícil aceptar que se les intervenga en su labor. Sin embargo, abrir los sentidos hacia los niños para dejarlos entrar en el trabajo personal, dota de una vitalidad que en pocas ocasiones se puede obtener.

lunes, diciembre 06, 2010

Scott Pilgrim vs. The world


Sorprendido. Con mucho qué decir. Complacido. Estimulado. Contento. Fan. Así terminé al salir del cine después de ver Scott Pilgrim vs. Los ex de la chica de sus sueños (Scott Pilgrim vs. The world). Un domingo cualquiera, como todos, recibo la invitación de Elizabeth para ir a verla. Ella me dice: “te va a gustar mucho. Ya la fui, pero quiero ir de nuevo”. Desde entonces tuve la sospecha de que sería una buena elección.
Me reconozco ignorante acerca de la serie de Scott Pilgrim (historieta situada entre el manga y cómic gringo del canadiense Bryan Lee O’Malley), y quizás por eso vi la película con todas las libertades que puede tener un neófito.
Scott Pilgrim es un chico de 20 que toca en una banda, tiene una novia de 17 años pero está enamorado de una mayor que él (típico). Sin embargo, para poder estar con ella, necesita vencer a sus siete exnovios (hasta aquí todo parece una comedia romántica de adolescentes). El asunto es cómo se cuenta la historia.
Hace años que el lenguaje de la historieta alimenta al cine y, en el mejor de los casos, lo lleva a otro nivel (existen casos como Sin City o Hellboy). Sin embargo, el director Edgar Wright (Zombies Party) decide divertirse, jugar con los cortes de las viñetas, olvidarse de la estructura lineal, despreocuparse del sentido del tiempo, convertir la autocensura en una arma, caminar sin tapujos entre la realidad y la fantasía al grado de jamás dejar claro cuándo es una y otra (no tiene caso) y retratar a una generación mediática como la actual.
Scott, un muchacho común, vive frente a la casa de sus papás con su amigo gay, duerme con él sin serlo (no tiene por qué ser así) y eso no asombra, es de lo más cotidiano, como la bisexualidad, como conectarse a internet, como tocar en una banda, como jugar videojuegos. Ha tenido muchas relaciones, todas fallidas, y se siente incapacitado para decir la palabra “amor”. A lo largo de la cinta, las onomatopeyas, propias del cómic, aparecen una y otra vez, y las peleas con los “ex” se convierten en luchas al estilo Street Figther. Los vencidos, claro está, representan puntos y, lógico, monedas (coins) del tipo de Mario Bros.
La banda sonora es, en gran medida, música punk y es inevitable recordar en repetidas ocasiones a grupos como Pixies y The Ramones (no por nada la chica de la que se enamora Scott se llama “Ramona”). Y uno de los momentos memorables es un enfrentamiento entre la banda de Scott (Sex Bob-omb) y un par de DJ’s.
Reconozco que evaluaba a Toy Story 3 como mi película del año. Para mí, Scott Pïlgrim vs. The world (suena mejor que en español) se la llevó. Es una película que sorprende más y más, que hace reír y hace pensar, donde el tema del amor propio (fundamental en terapia) es tratado de una forma que nunca había visto. Puedo decir también que es una cinta de culto, de época, como en los 90 lo fue Trainspotting y que pocas veces, al salir de la sala, me he sentido así de conmovido.
Hay que ir, pero ya... Dudo que en Guadalajara esté más allá del jueves.

viernes, noviembre 26, 2010

Pausa

En lo que va del año, no había sentido esta deliciosa sensación de presión laboral. Lo curioso es que siempre llega en las mismas fechas. Si no era FIL, era la Feria Nacional del Tequila y el informe. Hoy, la entrega del proyecto de difusión para la Ruta del Tequila (libro unfantil y gaceta) me quita el sueño, me obliga a ser creativo y eficaz en corto tiempo y me pone en una situación de la que no puedo quejarme. Hago lo que me gusta, lo que sé hacer bien, trabajo con un equipo de personas que respeto y admiro y lo mejor de todo, lo que va hasta ahora, me entusiasma.
Sí, tengo diez días para entregar y no me salen las cuentas, pero ahora que visité al San Francisco de Coyoacán (el mismo que me habló hace un año), recuerdo que estas encomiendas tienen solución, no estoy solo, todo se pondrá en el sitio que corresponde y saldrán bien las cosas.
Lunes y martes me daré un tiempo para ir con mis proyectos, de stand en stand, esperando que a alguna editorial le puedan interesar. Voy preparado. No es fácil que a un desconocido le abran la puerta así nada más, pero eso no me puede quitar la idea de seguir en el camino de los libros para niños. Ya habrá modo. Paciencia.
Ahora tomo una pausa para pensar. El trabajo, la presión económica, una situación personal, otra, me hace montar mi carpa de circo de cinco pistas y que me olvide de ese momento de reflexión que pone todo en su lugar. Una pausa es ganar tiempo, hacer que éste funcione de manera óptima y que la corriente vaya a donde quiero llegar.
Este año ha sido el más difícil que he tenido en lo económico. También es en el que he tenido menos dudas y he encontrado paz. Me siento bien conmigo y consciente de que no iba a ser fácil elegir una independencia como la que ahora vivo. Eso le da orden a todo. El dinero llegará, el trabajo aquí está, y los medios aparecen en mi camino. Dios me consiente.

viernes, noviembre 12, 2010

Guadalajara-FILIJ-Guadalajara


El mes se pasó y ni cuenta me di. Es más, ni había entrado aquí a revisar cómo van las cosas. En fin. Octubre fue para retomar camino, para poner todo en orden en el proyecto de la Ruta de los Niños en el Paisaje Agavero, para al fin titularme y para renovar votos.

*

Ayer fui a visitar al San Francisco de Asís de Coyoacán, en una parada obligada antes de dirigirme a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil que llega a sus 30 años y que me hace recordar cómo desde hace tiempo acudo a encontrarme con novedades (acá es más fácil detectarlas porque en la inmensidad de la FIL de Guadalajara todo se pierde) y establecer contactos.

En el Cenart (DF), recuerdo cómo vine la primera vez para hacer coberturas. Eso fue hace algunos años... Creo que desde 2002. Aquí vi a Rocío Coffeen recibir un premio como ilustradora y tuve la oportunidad de entrevistar a gente como: Pascuala Corona, Mireya Cueto, Juan Gedovius, Francisco Hinojosa, Gabriel Pacheco y de darme cuenta que los autores para niños no están acostumbrados a las entrevistas. Entre todo lo que envuelve a la capital del país, prácticamente resultan de nulo interés para la prensa. Triste.

Lo anterior me hizo pensar en mis amigas y colegas: Tessie Solinís y Érika Zepeda, a quienes admiro y con quienes conformo un reducido grupo de autores tapatíos para niños. Me di cuenta de que si los autores que viven en el DF son ignorados, pues nosotros que vivimos en Guadalajara estamos aún más en la orilla. Esto me hace entender por qué muchos de ellos cuidan con tanto celo su sitio.

Todo esto me recuerda a Michael Ende, quien habla de los autores para niños como una pequeña tribu que no tiene cabida entre los demás escritores. Y a pesar de eso, puede parecer extraño pero no me siento excluido. Seguro es porque no me siento parte ni me interesa. Mi familia está conformada por gente que ha hecho que la cultura infantil crezca en calidad y oferta en Guadalajara: Jorge Triana y Cynthia García; Miguel Ángel Gutiérrez y Ana Zataráin; Tessie, Érika y Yademira (quien debería publicar porque es muy buena escritora), Gilberto Domínguez, Araceli Aguerrebere, Luis Delgadillo y Maya Peñafiel, entre otros que me hacen recordar la importancia de aquel Encuentro Nacional de Promotores de Cultura Infantil que sirvió para revisar el trabajo que se realizaba hace 15 años y homologar criterios.

El caso es que vengo y me doy cuenta de que quienes escribimos para niños en Guadalajara somos los marginales de los marginales. Y que eso nos pone en pie de lucha constante. Me pone feliz ver que Érika ha sabido colocarse entre un par de editoriales importantes; me pone orgulloso encontrarme con más y más libros ilustrados por Cecilia Rébora y Ale Barba; me inspira siempre la guerrera de Tessie; me pone de buenas ver cómo crece y mejora cada vez el espectáculo de Luis Delgadillo hasta convertirse en uno de los mejores del país (ni cómo cuestionar eso), y me anima ver que en teatro, tanto Fausto Ramírez y Susana Romo, como Luna Morena, crean los mejores montajes para niños, en una tendencia interesante, donde se le pierde el miedo a los temas.

En fin. Vengo a FILIJ y me encuentro con que Petra Ediciones, de Peggy Espinoza, es protagonista siempre y con que tenemos mucha calidad en propuestas y aún más potencial, en mi ciudad. Ahí es donde no es posible y sí es muy triste que tanto FIL Niños como Papirolas, así como los museos El Globo y Trompo Mágico, nada más no encuentran para dónde jalar.

*

Hoy es Día Nacional del Libro (por ser natalicio de Sor Juana), y me regalaron "Claridad Errante", de Octavio Paz.

*

En la FILIJ está la exposición "Las imágenes cuentan". Se trata de una retrospectiva de ilustradores de 1979 a 2010. Allí encontré dos originales de Rocío Coffeen: Eñe y Eme, del libro "Cuentan de algunas letras" que escribí. Me hicieron el día. Pronto llegará el editor valiente que quiera publicarlo de nuevo. Deben quedar unos 10 ejemplares a la venta en la librería del Exconvento del Carmen.


jueves, septiembre 30, 2010

Don Toño, el del aseo


No me gusta escribir por encargo, pero hice una excepción porque el tema dió para algo que consideré divertido. Es para todos los que en la escuela recuerdan al señor del aseo. Yo recuerdo, sobre todo, a Don Jorge, de la escuela de mi mamá.

Puede cantarse, como juego de palmas y el nombre se puede cambiar según la persona que tengan en su escuela.



Don Toño

Don Toño abre, abre que abre
y nos limpia el salón, salón, salón.
Si salgo al recreo, creo, qué creo,
nos presta el balón, balón, balón.

Don Toño barre, barre que barre
y le dice a Ramón, Ramón, Ramón
Hoy pórtate cuerdo, cuerdo, qué cuerdo,
serás un campeón, campeón, campeón.

Don Toño silba, silba que silba
Aquella canción, canción, canción.
Y se sube a su bici, bici, qué bici,
y le decimos adiós, adiós, adiós.

jueves, septiembre 23, 2010

Bordando tu voz

Este texto salió de un taller que acabo de tomar con María Baranda. Muy enriquecedor. Va dedicado sobre todo a mi tía Gracia, mi mamá y mi tía Martha, que seguidito entran a leer qué publico por acá:


Bordando tu voz

Tu voz se perdió en la caja de la costura.
Dejó de cantar el aililí, también el ailalá.
Y es probable que se haya enredado entre el estambre
del gato y los seguros.
La esculco y aparecen tus frases bordadas en punto de cruz.
Y tu llanto se sujeta con un alfiler.
Canta una zarzuela llena de holanes, es un tango que sale del ritmo de dos agujas que no dejan de tejer una extensa bufanda que cuelgo al cuello y arrastro al piso y sale a la calle a enterarse de lo que pasó con la vecina hasta detenerse a rezar un rosario en aquella iglesia.
Si sacudo la caja, se abotonan mis orejas.
Si la vacío, los hilos buscan mis ojillos para tratar de ver
lo que recuerdo de ti.
Para oír de nuevo, pongo atención al susurro de cada encaje.
Y decido bordarte en lila, en la punta de un pañuelo.

lunes, septiembre 20, 2010

97 y 104

La señora teje sentada en una silla. Le hablamos. Responde con amabilidad. ¡Pasen! dice con entusiasmo, apenas se puede levantar, deja su tejido, camina y nos habla de sus plantas, de cómo le gustan las flores. Son mi alegría, me quieren porque las quiero, también tengo chiles y allá atrás tengo un palito de limas. ¡Vayan! Agarren una bolsa de plástico y llévense unas. La seguimos lentamente hasta la parte trasera de la casa. No le ayudamos a caminar. Para ella es un logro valerse por sí misma. Para nosotros, un milagro. Mi esposo está recostado. Es que ya está viejito, nos dice, y se entiende la broma luego de que nos confiesa su edad. Yo tengo 97 años. Echamos una decena de limas. ¡Pero llena la bolsa! ¡Ahí tenemos mucho!, reprende con amabilidad. Estamos en un rancho llamado Palmitos. Estamos casi 100 años atrás. Bueno, 104, si se trata de hablar de la edad de Don Chuy, quien sale del baño, levanta una silla de plástico y la acerca para platicar. Se sienta, sube los pies en la silla y recoge las piernas con los brazos. Es como un pequeño tótem. Toda la gente recuerda que así se acomoda desde siempre.

Nos hablan de sus 6 hijos, de sus casi 30 nietos, de sus muchos más bisnietos, de las vacas que vendieron porque ya no las pueden atender. Es lo que le dije, mira, vendemos las vaquitas y nos compramos una buena para nosotros, explica ella. Nos da ocho litros diarios, agrega él, quien recuerda todo, quien habla poco, quien nos observa mientras pensamos en sus muchos años y nos damos cuenta de la brevedad con que ellos nos hablan de su vida.

Fui jimador. Hacíamos vino en una taberna que tenemos por aquí. Venían arrieros desde Zacatecas. También fui curtidor. Escuchamos historias. Las que él nos quiera contar, las que ella nos quiera compartir. Él de lo que hacía, ella de la familia. Nos ayuda una nuera. Viera qué buena me salió. Es como mi hija. También nos viene a ayudar una nieta. Algunos se van para Estados Unidos. Nos mandan un dinerito. Nos invitan a que vayamos. Éste no quiere, dice que no, que para qué va. Que mejor se queda.

Nos hablan de los mosquitos que hay ahora y antes no, de las muchas horas que hacían para cruzar la barranca y llegar a Tequila, de lo mucho más que hacían para Guadalajara, de lo poco que ahora se hace porque ya hay carretera y de la camioneta que les regaló un nieto por si hace falta llevarlos al doctor, consigan un chofer y los lleven.

Escuchamos. La vemos sonreír, a él contemplar distraído la casa donde se crió, los árboles de en frente, quizás recordando más su pasado. Nos hablan de las gorditas con manteca que cargaban los arrieros, del ponteduro hecho con maíz y la panocha del piloncillo, de los rollos de carne seca que traían de El Teúl y de Florencia a cambio de tequila.

Yo le digo a ella que ya se deje de obra, que ya deje las plantas, pero no se está en paz. Mire, él me dice eso, pero mis flores son pura felicidad, mi alegría. ¿Para qué quiero estar ahí sentada sin hacer nada? Yo disfruto mis plantitas, mis florecitas, yo las riego, les hablo bonito y ellas me quieren… Luego hay gente más nueva que yo que ahí se ve toda viejita.

Así sucede. No se están en paz. Ayudados de su bordón caminan, se cuidan, siguen juntos y encuentran en unas flores, en la próxima celebración de los 105 años, en la llegada del nuevo bisnieto, motivos para continuar.

miércoles, septiembre 15, 2010

Educar al grito de guerra


Que los niños héroes, ni eran niños, ni eran héroes; que Porfirio Díaz no fue siempre tan villano como se cuenta; que Antonio López de Santana amaba a México y pudo ser el primer nacionalista; que Benito Juárez intentó abrir un camino comercial que uniera al Pacífico con el Atlántico (lo que ahora es el Canal de Panamá) por el Istmo de Tehuantepec y, aunque no duró tanto como Díaz, también fue un dictador; que algunos de los que iniciaron la Guerra de Independencia en realidad querían otra cosa, se les fue de las manos y terminaron luchando por nuestra libertad; que Estados Unidos ha manejado nuestro destino durante casi 200 años, son datos que pueden impactar a cualquier adolescente de secundaria. Al final, esto resulta ser más traumático que saber que el Niño Dios, Santa Claus y Los Reyes Magos, no son quienes nos traen en persona los regalos navideños.

No lo he vuelto a ver para agradecerle, pero mi profesor de segundo y tercero de secundaria, Ocampo, rompió con mi versión rosa de la historia de México y eso, sin duda, influyó en mí para quien soy ahora. De plano nos dijo que las monografías de papelería y los libros de texto no servían para nada, que no existía uno solo que sirviera para la clase y nos pedía que investigáramos, en más de una fuente, para que escribiéramos en nuestro cuaderno empastado lo que descubrimos del tema. A mí y a mis compañeros, nos parecía inútil esta labor. Sin embargo, ahora pienso que, en realidad, hizo que creáramos nuestros propios libros de historia.

Estemos de acuerdo o no con estas versiones de la historia, en aquel momento el maestro nos movió el tapete y, obvio, lo juzgamos de loco y mentiroso porque siempre nos habían dicho otra cosa. “Ni modo que todos estén equivocados, menos él”. Entonces, en mi casa encontré un libro de González Blackaller y descubrí esas otras versiones. El hallazgo me garantizó dieces en la materia (lo recuerdo bien porque tuve pocos en la secu).

Menciono lo anterior luego de que en todo este sano debate que llega con las fechas, hay una constante: la educación. Éste es el punto de acuerdo, y entender lo que sucede en nuestro convulsionado país es comprender cómo estamos en cuestiones de educación formal y, sobre todo, no formal. Sí, puedo tener un buen maestro en la escuela que me enseñe de la historia, pero de nada sirve si en casa no recibo atención o soy violentado.

Mi madre me contó hace años que tuvo un alumno que cuando grande quería ser violador. Hoy, es de lo más común encontrar niños que quieren ser narcos y las razones son simples: no estudian, tienen mucho dinero, viejas, casas, camionetotas, les hacen canciones chidas y además salen en la tele. Si en casa apenas como y tengo un papá desempleado, obvio que aspiro al narco. O más de cerca, si no tengo trabajo, a nada le atino y tengo una familia que urge de alimentos, el narcoempleo siempre tiene las puertas abiertas para mí.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Sí, vale la pena exigir mejor educación a los gobiernos pero, sobre todo, estar atentos con lo que hacen, ven y piensan nuestros hijos. El ejemplo me sirvió para darme cuenta de que mi padre, en su época de muchos meses de desempleo, prefirió no llevar dinero a la casa que aceptar un trabajo ilícito. Hoy, vemos a muchos empresarios valientes y ejemplares que prefieren cerrar sus negocios cuando son obligados, por los sicarios, a vender drogas. Valdría la pena reconocerles su heroísmo en estos tiempos, porque a su manera defienden el país y educan más de lo que pueden creer.

Leer para conocer nuestro pasado y nuestro presente, observar la realidad con sentido crítico, nuestras vidas con sentido autocrítico, discutir (en el sentido enriquecedor del término), exigir mejor educación y, sobre todo, educar con el ejemplo, son las armas que podemos emplear cuando, como dice el himno, nos ponemos los mexicanos al grito de guerra.

domingo, septiembre 12, 2010

Motivos para celebrar


Claro. También el tema Bicentenario ha atraído muchas posturas críticas (algunas que sirven hasta como pose para vernos más intelectuales) y ante éstas, aparece gente como el anónimo que me dejó mensaje en el texto anterior. “Está bien estar enterado de cómo fueron las cosas”, dice. “Pero hay que tener algo para festejar”. Este comentario-reclamo-observación- recomendación-llamada de auxilio, es compartido por mucha otra gente. Igual, mi hermano César me habló este domingo acerca de la importancia de celebrar ser independientes y vivir en un país libre. Y habrá quienes cuestionen el término “libertad” con justa razón, pero, no podemos ser tampoco lapidarios.


Cuestionar qué hay que festejar para estas fechas, también me parece tan válido como elegir salir a la calle a gritar ¡Viva México! La libertad es la que, precisamente, nos permite celebrar, protestar o elegir posturas y manifestarlas.


Entonces, ¿por qué festejar? Pues bien. Yo nací el 10 de mayo de 1975. Nací con cierta fortuna al ser parte de un seno familiar unido, donde el amor es fundamental. Soy parte de la clase media y de una ciudad que adoro. Aún así, no pude evitar la historia de mis padres, tíos, abuelos y del resto de mis antepasados donde hubo de todo: desde gente con comportamientos demenciales, con tendencias homosexuales, suicidas, clasistas, conservadoras, con poca educación formal (o nula) o preocupada por las apariencias, entre otras perlas muy personales. Luego, si todo eso influye en mi genética, puedo agregar una lista bastante extensa de defectos, de problemas que en ocasiones me mandan hasta el fondo y me convencen de que, en efecto, la vida apesta. Sin embargo, como tenemos la sana costumbre, cada año, cada 10 de mayo, celebro mi cumpleaños.


Esta práctica de celebrar mi nacimiento, también me ha llevado a preguntarme qué demonios festejo, si he tenido problemas económicos, si mi comportamiento no ha sido el idóneo, si choqué un coche estando borracho, si no termino de comprometerme en lo que hago, o incluso si hubiera tratado mal a alguien y la gente me odie. Al final, termino por brindar por los aprendizajes, por todo aquello que me ha gustado o me ha dolido. Entonces hago un recuento del año, reviso lo que crecí en ese tiempo y procuro sacar lo mejor. Obvio, si no hago esta reflexión, pierdo la oportunidad de entenderme mejor y congratularme o comprometerme a enderezar mi rumbo.


Simbólicamente, el Grito de Independencia representa el nacimiento de una nación. Aunque México tiene sus más valiosos antecedentes en la época prehispánica, lo que ahora entendemos como país es fruto de este proceso de mimetización que nos dejó un idioma, una cocina, una cultura, un comportamiento y una historia.


A mí me gusta brindar en mi cumpleaños por todo lo que tengo. Y creo que vale la pena hacerlo por todo lo que tenemos como nación. Para mí, vivir en México es una fortuna. El periodismo me ha colocado en una situación privilegiada para entender de sobra los motivos que hacen a este país grandioso. Y desde 1991, cuando asistí a un Jamboree en Corea representando a México, entendí lo que somos mientras cantábamos el Himno Nacional y llorábamos. Es una lástima que tengamos que salir para comprender que México es mi historia personal, la de mi familia, la de mis amigos y todo aquello que se relaciona con la gente que amo. Se ve, se huele, se saborea, se toca, se escucha lo que somos y todo aquello en común es lo que compone a nuestro país.


No me gustan los panfletos, pero me gusta que haya oportunidad de que algunas personas los hagan o los crean. La libertad nos fue dada (en el mismo paquete que aparece la crisis) y nos corresponde gozarla, luchar por cuidarla, conservarla o recuperarla.



*La ilustración es una obra de FoLé que habla acerca de quiénes somos y de dónde, cuando vivimos en la línea divisoria.

jueves, septiembre 09, 2010

¿Una caricatura DEL país o una caricatura DE país?


Septiembre sufrió la invasión del tema Bicentenario y no hubo niños héroes que lo defendieran. A favor o en contra, aparecen en los medios mensajes panfletarios acerca del orgullo de ser mexicanos y reflexiones relacionadas con el México que vivimos y los escasos motivos para festejar. Ya se pueden ver en la cartelera cinematográfica avances de cintas como Hidalgo, por una parte, mientras El Infierno se gana la taquilla y a la crítica más exigente. Nadie puede ya ignorar la violencia que vivimos en un antro, en un restaurante, en una esquina, en un hogar. Nadie nos puede mentir acerca de esta realidad. Pero, ¿cómo nos verán en 100 años? ¿Y en 200?

Luego de ver la caricatura que publicó Daryl Cagle para ilustrar, de manera inmejorable, esta época de la que nos tocó ser testigos y actores, recordé la portada de La historia de un país en caricatura (El Fisgón/2000) -que bien podría llamarse "La historia de una caricatura de país"-, donde una águila famélica se postra sobre un cangrejo y la serpiente (que simboliza al mal) se le enreda entre las patas con la leyenda: "Progresos de la República Mexicana". Me dispuse a hojear el libro, para encontrar esta imagen y descubrí en ella un símil a la controvertida imagen del periodista norteamericano, pero dibujado por un autor mexicano, anónimo, en 1829. Además, localicé fuertes críticas de la época al gobierno de Juárez, donde incluso aparece una consigna en su contra que dice: "Sufragio efectivo, no reelección" y, para quienes adoramos el arte, una crítica a la clase política del país (juarista) a la que se califica como ignorante, pues se la pasaban dormidos en la ópera mientras escuchaban a la hoy legendaria cantante Ángela Peralta.
Muchos años después, Juárez es la imagen del gobernador perfecto. Pero, en aquel entonces, ¿quién sabe?
Se dice que la historia es impuesta por quienes gobiernan. Es posible que así como 1810 correspondió a la Independencia y 1910 a la Revolución, 2010 sea, en muchos años, recordada por las historias de narcotráfico e ingobernabilidad que vivimos. Quizás, ellos nos gobiernen y sean "los buenos" de la historia y entonces celebremos esta fecha. O tal vez, sea marcada como el inicio de lo que Calderón ve como una guerra, tan ficticia en sus ideales como lo fueron en sus inicios las de Reforma, la Revolución y la de Independencia. Recordemos que las otras versiones, las no oficiales, las más serias, cuestionan a El Grito como independentista por el "¡Viva Fernando VII!", y ven a Francisco I. Madero como un enviado del gobierno norteamericano para desestabilizar a un país que tenía fuertes vínculos con sus enemigos.

No lo negaría jamás: amo este país, me gusta conocerlo, recorrerlo, su gente, su cultura y hasta he llorado con el Himno Nacional, pero veo que así como no es conveniente idealizar a la persona que amamos y su pasado, no lo es hacerlo con nuestro país y nuestro pasado. Sólo eso nos permitirá crecer para no volver a ver, en 100 años, a nuestra águila muerta de hambre, ensangrentada o baleada.

martes, agosto 24, 2010

Cementerio

Este texto es resultado del Rally de Poesía que organizó la UdeG el 23 de junio. Al azar, debía elegir una palabra y escribir de ella en primera persona. Entonces, me tocó "CEMENTERIO" y debía hacer un poema hablando como si yo fuera él. Les dejo el resultado.

Cementerio

O Rosario
llora sobre mí
o Clemente
llora sobre mí
o Piadosa
llora sobre mí

Todos se abandonan
se buscan en su pasado
reniegan
suplican
recuerdan
reclaman
exclaman

Todos
también tú
se cobijan
con las raíces del sauce
y así
más vivos que nunca
para siempre
se hospedan
en cada una
de mis habitaciones

domingo, agosto 08, 2010

Cuando estaba en la secu...

  • Todavía le iba a las Chivas... Hace años que dejé de cagar bolitas.
  • Alguien decía: "Despiertame cuando pase el temblor"... Ni cómo despertarlo ahora.
  • No sabía bailar y hasta se rieron de mí cuando lo hice... En la actualidad, me piden que baile. Nada más me falta fichar.
  • En las tardeadas, muchas se quedaban sentadas, esperando que alguien las sacara a bailar... Sin duda que si fuera el de hoy, bailaba a todas.
  • Me gustaban muchas... Hay defectos que vienen de fábrica.
  • Durante varias clases me quedaba dormido en el mesabanco, aprovechando la espaldota de Dámaso... Dormir siempre fue un buen hábito.
  • Nos dejó de tarea la maestra Connie hacer una entrevista. Yo no la hice, la inventé porque me daba vergüenza hacer preguntas... No sospechaba que en el futuro viviría de eso.
  • Usabamos trapper kepper en lugar de cuadernos... ¿Ahorita usaríamos netbooks?
  • Hombres G era un hit porque usaban la palabrota "mamón"... Ahora el hit han de ser los corridos de Miguel y Miguel, Los Cadetes de Linares o Grupo Marrano por otras "palabrototas".
  • Calzábamos los top sailer y calcetín blanco que estaban de moda... Yo creo que eso se vería bien ahora nada más en un antro gay (con todo respeto).
  • Nos obligaron a aprendernos el espantoso himno de la escuela... Estoy seguro de que si lo escuchamos ahora, nos ponemos a chillar de la emoción.
  • Ardía con ganas, pero era in peinarnos con Súper Punk... Yo creo que eso no vuelve a salir al mercado por tóxico.
  • No había nada tan liberador como martillar con fuerza en el taller de Soldadura y Forja... Nunca imaginé que años después hubiera algo especial con Andrea S., que estaba allí.
  • Era bastante infantil y eso me traía problemas o rechazos... No crecí tanto, seguí siéndolo y eso me trae beneficios. De eso vivo.
  • Ya escribía en una libretita (que sabe dónde quedó) mis piensos... Ya lo hago de manera cotidiana, como parte de de mi oficio, y tengo poco más de 10 años registrados.
  • Pasaba horas en el teléfono. Recuerdo haberme quedado dormido platicando con Laura... Ahora las horas las paso en el chat.
  • Le sacábamos el hilo a los pantalones para traerlos rasgados... Creo que los que ya son papás y mamás ya le saben a la costura y hacen lo contrario.
  • Los hombres nos preocupábamos de que no se nos vieran las constantes erecciones a la menor provocación... ¡Sí, hay cosas qué extrañar! Ya no somos los mismos.
  • No me daba risa tirar una regla... Hoy: tiro una regla, no me río (para mis compañeros, in memoriam para Gremlin).