lunes, febrero 14, 2011

Días de contar



Una caja de chocolates. Tío, tío. La sonrisa de Grettel. Anoche me dormí preocupado por levantarme temprano. Así lo hice. Releí un cuento de Javier Villafañe, otro de Ana María Machado, busqué algún cuento mío, me metí a bañar, me vestí, me puse la camiseta negra que Maya me regaló y salí de casa. Camino a la escuela pensé en todo lo que disfruto cuando leo para niños y todo lo que aprendo mientras los observo y escucho.

Unos honores a la Bandera con mi sobrina en la escolta y una compañera suya, de apenas cinco años, tocando el tambor, ya valieron la pena. Al final, luego de romper formación, regresaron todos los niños de aquel preescolar con sus sillas. Mientras tanto, observaba detrás del alambrado la primaria donde estuve, recordé aquel rincón donde con butacas inservibles hicimos un escondite y aquella ocasión en la que, al intentar saltar la reja, me quedé atorado de un pie y quedé colgado de cabeza.

Les tenemos una sorpresa, dice una de las maestras. Entonces me presentó. Los niños aplaudieron y con un inaudito silencio pusieron atención a lo que hacía Sebastián mientras daba la vuelta al mundo en su triciclo, y mostraban asombro por todo lo que Camilón Comilón cargaba en su cesta. A lo lejos, escuchaba que en la primaria se presentaba un mago con una botarga de Bob Esponja. Pensé en Sebastián, en Camilón, en la magia que logran producir con la imaginación de los espectadores y con su participación en la construcción de un cuento. Así narré al final el inédito de los crayones.

Fue lindo. Un regalo especial para los niños, aún más para Grettel, pero de un enorme aprecio para mí. Situaciones así refrendan mi gusto por dirigirme a ellos, por escribirles, mi compromiso de no dejarlo. Los aplausos, la atención, esas nubes invisibles llenas de imágenes que pude ver sobre la cabeza de todos y, claro, los chocolates que me dieron, valieron la pena.


Ah, hoy es día del Amor y la Amistad. Luego supe que por eso me invitaron. Nunca le tomo importancia a la fecha. Es lo de menos. Lo “de más”, fue el hígado encebollado que me invitó a desayunar mi cuñada al retirarme de la escuela.
Las fotos son tomadas por Pati. La de Grettel es después de la escolta. Linda ¿no?

martes, enero 18, 2011

Valeria en bicicleta


Valeria anda en bicicleta,
pedalea por la calle,
pedalea rumbo a Puebla,
pedalea hasta volar.

Valeria escucha al viento,
vuela hasta llegar al parque,
vuela y sube la montaña,
vuela para ir sobre el mar.

Nada detiene a Valeria.
Sueña, viaja, canta y ríe,
mientras llega a otros mundos
porque va con su mamá.

Dale, dale, con tu bicicleta.
Dale, duro, llévame a viajar.
Dale, dale, nunca te detengas.
Dale, duro y no te bajarás.

miércoles, enero 05, 2011

Bodas

Poco antes de que cerrara el año, publiqué en el facebook que me casaría. Era 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Entonces empecé a leer desde risas y mensajes de incredulidad de los que sabían que aquello era una broma, así como felicitaciones que a la fecha se convierten en dudas: "¿de verdad te vas a casar?".
También me llegó la noticia de que Martha se casa en mayo y de que en estos días Yessika sube al altar a dar el sí. Ellas dos son parte importante de mi historia, y aunque les deseo lo mejor siempre, ha pasado tiempo y se convirtieron en grandes amigas, no dejo de tener una rara sensación. ¿Nostalgia? Quizás.
Todo esto me ha puesto a reflexionar acerca de lo afortunado que soy, lo bien amado que ha sido mi corazón y cómo esas personas que forman parte de mí son valiosísimas, capaces de hacer feliz a quien sea.
Pancho Rodríguez dice que nos parecemos a una escena de "Los reyes de la colina", donde los hombres se sientan en la banqueta mientras ven pasar la vida. Así veo cómo se casan, se separan, se juntan de nuevo, nacen niños, crecen y yo, solo.
De mi terapia aprendí que ser soltero es una opción. La felicidad no es una mujer, una casa, un auto, unos hijos. La felicidad es parte de nosotros, la traemos cargando, pero en ocasiones necesitamos al otro, como espejo, para poderla ver. Estoy feliz así, y a mi madre le preocupa, a algunos amigos que seguro hacen comentarios también y agradezco esas muestras de cariño. Sin embargo, tengo un estilo de vida que disfruto.
La lista de personas a las que debo agradecer que se hicieran cargo de mi corazón es larga. Muchas veces, incluso, he hecho daño y esa es una pena con la que debo lidiar y de la que me hago responsable. A veces la gente me quiere más de lo que puedo quererla y eso duele. Otras, sucede lo contrario. Cada una tiene importante influencia en mí, en lo que soy, me han convertido en la persona que esto escribe. En todos los casos, mi amor es suyo.

miércoles, diciembre 22, 2010

Previo a "La ruta de los niños en el Paisaje Agavero. Un diario de viaje"

Este texto me lo encargó Ana Lucía González, para incluirlo en su reporte a la Secretaría de Cultura. El libro se publicará en enero. Lo transcribo tal cual es:

La cultura infantil en México se ha desarrollado de la mano del mercado editorial y las instituciones. A pesar de que su motor es, en buena parte, comercial y política, poco a poco ha dejado atrás aquella preocupación proteccionista que veía a la infancia de la mano de la inocencia y la ternura, para mostrar el mundo tal y como es. Los niños son una realidad, viven, no son ciudadanos del futuro, son habitantes del presente y observan, se preocupan, piensan, reflexionan.

Este proyecto, para el que se unieron la Ruta del Tequila y la Secretaría de Cultura, no sólo es una muestra de voluntad política movida por preocupaciones comunes, sino una manera de acercarse a la comunidad de una región (como todas en México) llena de riquezas, pero con un capital humano y natural que la ha catapultado a la vitrina internacional.

Una región como la que rodea al Volcán de Tequila, ha comprendido poco a poco que el turismo trae beneficios a sus hogares. Y quizás lo que le falte comprender es que esta gente llega a visitarlos por su historia, por ese patrimonio que tiene su base en la vida cotidiana.

Por todo lo anterior, ha sido para mí de un aprendizaje invaluable participar en el proyecto al lado de Ana Lucía González y Margarita Arana. Quienes me invitaron a ser parte con lo creativo para llevar la experiencia a un libro, a algo tangible capaz de pasar de mano en mano y de oreja en oreja.

En más de diez años de trabajo como promotor de cultura infantil y en la parte editorial, me había encontrado con esfuerzos valiosos donde las instituciones dan voz a los niños a través de textos o dibujos para llevarlos a publicaciones. Sin embargo, he notado que esta preocupación terminan por ser enriquecedora para la pequeña muestra de quien participa y para algunos adultos que encuentran algo valioso por el esfuerzo que representa. Sin embargo, estos libros no se quedan en el gusto de los niños. Se quedan en el área de lo políticamente correcto. Los niños reconocen algo de calidad, de valor estético en el primer instante.

Fue por eso que buscamos un producto híbrido que en lo visual contara con la calidad de un profesional, con intervenciones de los niños de la región. El libro que trabajamos es un experimento, un riesgo que valía la pena correr, donde se pueda ofrecer algo atractivo para ellos sin dejar de lado la participación de la muestra de niños de los municipios de Teuchitlán, Ahualulco, Etzatlán, Tequila, Magdalena, El Arenal y Amatitán, ni el elemento educativo que parte de su reflexión.

La metodología planteada por Ana Lucía fue fundamental para no perder la brújula y, sobre todo, para no cargar todo el peso hacia lo institucional y ser congruentes con el objetivo de dar voz a los niños, hacerlos reflexionar acerca del valor de su patrimonio y regresarles esa experiencia a través de un libro.

Para mí como escritor ha sido de mucho aprendizaje trabajar en equipo, tener una sombra que cuida cada línea para no perder el sentido de las cosas. Como editor me queda claro que, por lo general, para un autor y un ilustrador es muy difícil aceptar que se les intervenga en su labor. Sin embargo, abrir los sentidos hacia los niños para dejarlos entrar en el trabajo personal, dota de una vitalidad que en pocas ocasiones se puede obtener.

lunes, diciembre 06, 2010

Scott Pilgrim vs. The world


Sorprendido. Con mucho qué decir. Complacido. Estimulado. Contento. Fan. Así terminé al salir del cine después de ver Scott Pilgrim vs. Los ex de la chica de sus sueños (Scott Pilgrim vs. The world). Un domingo cualquiera, como todos, recibo la invitación de Elizabeth para ir a verla. Ella me dice: “te va a gustar mucho. Ya la fui, pero quiero ir de nuevo”. Desde entonces tuve la sospecha de que sería una buena elección.
Me reconozco ignorante acerca de la serie de Scott Pilgrim (historieta situada entre el manga y cómic gringo del canadiense Bryan Lee O’Malley), y quizás por eso vi la película con todas las libertades que puede tener un neófito.
Scott Pilgrim es un chico de 20 que toca en una banda, tiene una novia de 17 años pero está enamorado de una mayor que él (típico). Sin embargo, para poder estar con ella, necesita vencer a sus siete exnovios (hasta aquí todo parece una comedia romántica de adolescentes). El asunto es cómo se cuenta la historia.
Hace años que el lenguaje de la historieta alimenta al cine y, en el mejor de los casos, lo lleva a otro nivel (existen casos como Sin City o Hellboy). Sin embargo, el director Edgar Wright (Zombies Party) decide divertirse, jugar con los cortes de las viñetas, olvidarse de la estructura lineal, despreocuparse del sentido del tiempo, convertir la autocensura en una arma, caminar sin tapujos entre la realidad y la fantasía al grado de jamás dejar claro cuándo es una y otra (no tiene caso) y retratar a una generación mediática como la actual.
Scott, un muchacho común, vive frente a la casa de sus papás con su amigo gay, duerme con él sin serlo (no tiene por qué ser así) y eso no asombra, es de lo más cotidiano, como la bisexualidad, como conectarse a internet, como tocar en una banda, como jugar videojuegos. Ha tenido muchas relaciones, todas fallidas, y se siente incapacitado para decir la palabra “amor”. A lo largo de la cinta, las onomatopeyas, propias del cómic, aparecen una y otra vez, y las peleas con los “ex” se convierten en luchas al estilo Street Figther. Los vencidos, claro está, representan puntos y, lógico, monedas (coins) del tipo de Mario Bros.
La banda sonora es, en gran medida, música punk y es inevitable recordar en repetidas ocasiones a grupos como Pixies y The Ramones (no por nada la chica de la que se enamora Scott se llama “Ramona”). Y uno de los momentos memorables es un enfrentamiento entre la banda de Scott (Sex Bob-omb) y un par de DJ’s.
Reconozco que evaluaba a Toy Story 3 como mi película del año. Para mí, Scott Pïlgrim vs. The world (suena mejor que en español) se la llevó. Es una película que sorprende más y más, que hace reír y hace pensar, donde el tema del amor propio (fundamental en terapia) es tratado de una forma que nunca había visto. Puedo decir también que es una cinta de culto, de época, como en los 90 lo fue Trainspotting y que pocas veces, al salir de la sala, me he sentido así de conmovido.
Hay que ir, pero ya... Dudo que en Guadalajara esté más allá del jueves.

viernes, noviembre 26, 2010

Pausa

En lo que va del año, no había sentido esta deliciosa sensación de presión laboral. Lo curioso es que siempre llega en las mismas fechas. Si no era FIL, era la Feria Nacional del Tequila y el informe. Hoy, la entrega del proyecto de difusión para la Ruta del Tequila (libro unfantil y gaceta) me quita el sueño, me obliga a ser creativo y eficaz en corto tiempo y me pone en una situación de la que no puedo quejarme. Hago lo que me gusta, lo que sé hacer bien, trabajo con un equipo de personas que respeto y admiro y lo mejor de todo, lo que va hasta ahora, me entusiasma.
Sí, tengo diez días para entregar y no me salen las cuentas, pero ahora que visité al San Francisco de Coyoacán (el mismo que me habló hace un año), recuerdo que estas encomiendas tienen solución, no estoy solo, todo se pondrá en el sitio que corresponde y saldrán bien las cosas.
Lunes y martes me daré un tiempo para ir con mis proyectos, de stand en stand, esperando que a alguna editorial le puedan interesar. Voy preparado. No es fácil que a un desconocido le abran la puerta así nada más, pero eso no me puede quitar la idea de seguir en el camino de los libros para niños. Ya habrá modo. Paciencia.
Ahora tomo una pausa para pensar. El trabajo, la presión económica, una situación personal, otra, me hace montar mi carpa de circo de cinco pistas y que me olvide de ese momento de reflexión que pone todo en su lugar. Una pausa es ganar tiempo, hacer que éste funcione de manera óptima y que la corriente vaya a donde quiero llegar.
Este año ha sido el más difícil que he tenido en lo económico. También es en el que he tenido menos dudas y he encontrado paz. Me siento bien conmigo y consciente de que no iba a ser fácil elegir una independencia como la que ahora vivo. Eso le da orden a todo. El dinero llegará, el trabajo aquí está, y los medios aparecen en mi camino. Dios me consiente.

viernes, noviembre 12, 2010

Guadalajara-FILIJ-Guadalajara


El mes se pasó y ni cuenta me di. Es más, ni había entrado aquí a revisar cómo van las cosas. En fin. Octubre fue para retomar camino, para poner todo en orden en el proyecto de la Ruta de los Niños en el Paisaje Agavero, para al fin titularme y para renovar votos.

*

Ayer fui a visitar al San Francisco de Asís de Coyoacán, en una parada obligada antes de dirigirme a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil que llega a sus 30 años y que me hace recordar cómo desde hace tiempo acudo a encontrarme con novedades (acá es más fácil detectarlas porque en la inmensidad de la FIL de Guadalajara todo se pierde) y establecer contactos.

En el Cenart (DF), recuerdo cómo vine la primera vez para hacer coberturas. Eso fue hace algunos años... Creo que desde 2002. Aquí vi a Rocío Coffeen recibir un premio como ilustradora y tuve la oportunidad de entrevistar a gente como: Pascuala Corona, Mireya Cueto, Juan Gedovius, Francisco Hinojosa, Gabriel Pacheco y de darme cuenta que los autores para niños no están acostumbrados a las entrevistas. Entre todo lo que envuelve a la capital del país, prácticamente resultan de nulo interés para la prensa. Triste.

Lo anterior me hizo pensar en mis amigas y colegas: Tessie Solinís y Érika Zepeda, a quienes admiro y con quienes conformo un reducido grupo de autores tapatíos para niños. Me di cuenta de que si los autores que viven en el DF son ignorados, pues nosotros que vivimos en Guadalajara estamos aún más en la orilla. Esto me hace entender por qué muchos de ellos cuidan con tanto celo su sitio.

Todo esto me recuerda a Michael Ende, quien habla de los autores para niños como una pequeña tribu que no tiene cabida entre los demás escritores. Y a pesar de eso, puede parecer extraño pero no me siento excluido. Seguro es porque no me siento parte ni me interesa. Mi familia está conformada por gente que ha hecho que la cultura infantil crezca en calidad y oferta en Guadalajara: Jorge Triana y Cynthia García; Miguel Ángel Gutiérrez y Ana Zataráin; Tessie, Érika y Yademira (quien debería publicar porque es muy buena escritora), Gilberto Domínguez, Araceli Aguerrebere, Luis Delgadillo y Maya Peñafiel, entre otros que me hacen recordar la importancia de aquel Encuentro Nacional de Promotores de Cultura Infantil que sirvió para revisar el trabajo que se realizaba hace 15 años y homologar criterios.

El caso es que vengo y me doy cuenta de que quienes escribimos para niños en Guadalajara somos los marginales de los marginales. Y que eso nos pone en pie de lucha constante. Me pone feliz ver que Érika ha sabido colocarse entre un par de editoriales importantes; me pone orgulloso encontrarme con más y más libros ilustrados por Cecilia Rébora y Ale Barba; me inspira siempre la guerrera de Tessie; me pone de buenas ver cómo crece y mejora cada vez el espectáculo de Luis Delgadillo hasta convertirse en uno de los mejores del país (ni cómo cuestionar eso), y me anima ver que en teatro, tanto Fausto Ramírez y Susana Romo, como Luna Morena, crean los mejores montajes para niños, en una tendencia interesante, donde se le pierde el miedo a los temas.

En fin. Vengo a FILIJ y me encuentro con que Petra Ediciones, de Peggy Espinoza, es protagonista siempre y con que tenemos mucha calidad en propuestas y aún más potencial, en mi ciudad. Ahí es donde no es posible y sí es muy triste que tanto FIL Niños como Papirolas, así como los museos El Globo y Trompo Mágico, nada más no encuentran para dónde jalar.

*

Hoy es Día Nacional del Libro (por ser natalicio de Sor Juana), y me regalaron "Claridad Errante", de Octavio Paz.

*

En la FILIJ está la exposición "Las imágenes cuentan". Se trata de una retrospectiva de ilustradores de 1979 a 2010. Allí encontré dos originales de Rocío Coffeen: Eñe y Eme, del libro "Cuentan de algunas letras" que escribí. Me hicieron el día. Pronto llegará el editor valiente que quiera publicarlo de nuevo. Deben quedar unos 10 ejemplares a la venta en la librería del Exconvento del Carmen.


jueves, septiembre 30, 2010

Don Toño, el del aseo


No me gusta escribir por encargo, pero hice una excepción porque el tema dió para algo que consideré divertido. Es para todos los que en la escuela recuerdan al señor del aseo. Yo recuerdo, sobre todo, a Don Jorge, de la escuela de mi mamá.

Puede cantarse, como juego de palmas y el nombre se puede cambiar según la persona que tengan en su escuela.



Don Toño

Don Toño abre, abre que abre
y nos limpia el salón, salón, salón.
Si salgo al recreo, creo, qué creo,
nos presta el balón, balón, balón.

Don Toño barre, barre que barre
y le dice a Ramón, Ramón, Ramón
Hoy pórtate cuerdo, cuerdo, qué cuerdo,
serás un campeón, campeón, campeón.

Don Toño silba, silba que silba
Aquella canción, canción, canción.
Y se sube a su bici, bici, qué bici,
y le decimos adiós, adiós, adiós.

jueves, septiembre 23, 2010

Bordando tu voz

Este texto salió de un taller que acabo de tomar con María Baranda. Muy enriquecedor. Va dedicado sobre todo a mi tía Gracia, mi mamá y mi tía Martha, que seguidito entran a leer qué publico por acá:


Bordando tu voz

Tu voz se perdió en la caja de la costura.
Dejó de cantar el aililí, también el ailalá.
Y es probable que se haya enredado entre el estambre
del gato y los seguros.
La esculco y aparecen tus frases bordadas en punto de cruz.
Y tu llanto se sujeta con un alfiler.
Canta una zarzuela llena de holanes, es un tango que sale del ritmo de dos agujas que no dejan de tejer una extensa bufanda que cuelgo al cuello y arrastro al piso y sale a la calle a enterarse de lo que pasó con la vecina hasta detenerse a rezar un rosario en aquella iglesia.
Si sacudo la caja, se abotonan mis orejas.
Si la vacío, los hilos buscan mis ojillos para tratar de ver
lo que recuerdo de ti.
Para oír de nuevo, pongo atención al susurro de cada encaje.
Y decido bordarte en lila, en la punta de un pañuelo.

lunes, septiembre 20, 2010

97 y 104

La señora teje sentada en una silla. Le hablamos. Responde con amabilidad. ¡Pasen! dice con entusiasmo, apenas se puede levantar, deja su tejido, camina y nos habla de sus plantas, de cómo le gustan las flores. Son mi alegría, me quieren porque las quiero, también tengo chiles y allá atrás tengo un palito de limas. ¡Vayan! Agarren una bolsa de plástico y llévense unas. La seguimos lentamente hasta la parte trasera de la casa. No le ayudamos a caminar. Para ella es un logro valerse por sí misma. Para nosotros, un milagro. Mi esposo está recostado. Es que ya está viejito, nos dice, y se entiende la broma luego de que nos confiesa su edad. Yo tengo 97 años. Echamos una decena de limas. ¡Pero llena la bolsa! ¡Ahí tenemos mucho!, reprende con amabilidad. Estamos en un rancho llamado Palmitos. Estamos casi 100 años atrás. Bueno, 104, si se trata de hablar de la edad de Don Chuy, quien sale del baño, levanta una silla de plástico y la acerca para platicar. Se sienta, sube los pies en la silla y recoge las piernas con los brazos. Es como un pequeño tótem. Toda la gente recuerda que así se acomoda desde siempre.

Nos hablan de sus 6 hijos, de sus casi 30 nietos, de sus muchos más bisnietos, de las vacas que vendieron porque ya no las pueden atender. Es lo que le dije, mira, vendemos las vaquitas y nos compramos una buena para nosotros, explica ella. Nos da ocho litros diarios, agrega él, quien recuerda todo, quien habla poco, quien nos observa mientras pensamos en sus muchos años y nos damos cuenta de la brevedad con que ellos nos hablan de su vida.

Fui jimador. Hacíamos vino en una taberna que tenemos por aquí. Venían arrieros desde Zacatecas. También fui curtidor. Escuchamos historias. Las que él nos quiera contar, las que ella nos quiera compartir. Él de lo que hacía, ella de la familia. Nos ayuda una nuera. Viera qué buena me salió. Es como mi hija. También nos viene a ayudar una nieta. Algunos se van para Estados Unidos. Nos mandan un dinerito. Nos invitan a que vayamos. Éste no quiere, dice que no, que para qué va. Que mejor se queda.

Nos hablan de los mosquitos que hay ahora y antes no, de las muchas horas que hacían para cruzar la barranca y llegar a Tequila, de lo mucho más que hacían para Guadalajara, de lo poco que ahora se hace porque ya hay carretera y de la camioneta que les regaló un nieto por si hace falta llevarlos al doctor, consigan un chofer y los lleven.

Escuchamos. La vemos sonreír, a él contemplar distraído la casa donde se crió, los árboles de en frente, quizás recordando más su pasado. Nos hablan de las gorditas con manteca que cargaban los arrieros, del ponteduro hecho con maíz y la panocha del piloncillo, de los rollos de carne seca que traían de El Teúl y de Florencia a cambio de tequila.

Yo le digo a ella que ya se deje de obra, que ya deje las plantas, pero no se está en paz. Mire, él me dice eso, pero mis flores son pura felicidad, mi alegría. ¿Para qué quiero estar ahí sentada sin hacer nada? Yo disfruto mis plantitas, mis florecitas, yo las riego, les hablo bonito y ellas me quieren… Luego hay gente más nueva que yo que ahí se ve toda viejita.

Así sucede. No se están en paz. Ayudados de su bordón caminan, se cuidan, siguen juntos y encuentran en unas flores, en la próxima celebración de los 105 años, en la llegada del nuevo bisnieto, motivos para continuar.

miércoles, septiembre 15, 2010

Educar al grito de guerra


Que los niños héroes, ni eran niños, ni eran héroes; que Porfirio Díaz no fue siempre tan villano como se cuenta; que Antonio López de Santana amaba a México y pudo ser el primer nacionalista; que Benito Juárez intentó abrir un camino comercial que uniera al Pacífico con el Atlántico (lo que ahora es el Canal de Panamá) por el Istmo de Tehuantepec y, aunque no duró tanto como Díaz, también fue un dictador; que algunos de los que iniciaron la Guerra de Independencia en realidad querían otra cosa, se les fue de las manos y terminaron luchando por nuestra libertad; que Estados Unidos ha manejado nuestro destino durante casi 200 años, son datos que pueden impactar a cualquier adolescente de secundaria. Al final, esto resulta ser más traumático que saber que el Niño Dios, Santa Claus y Los Reyes Magos, no son quienes nos traen en persona los regalos navideños.

No lo he vuelto a ver para agradecerle, pero mi profesor de segundo y tercero de secundaria, Ocampo, rompió con mi versión rosa de la historia de México y eso, sin duda, influyó en mí para quien soy ahora. De plano nos dijo que las monografías de papelería y los libros de texto no servían para nada, que no existía uno solo que sirviera para la clase y nos pedía que investigáramos, en más de una fuente, para que escribiéramos en nuestro cuaderno empastado lo que descubrimos del tema. A mí y a mis compañeros, nos parecía inútil esta labor. Sin embargo, ahora pienso que, en realidad, hizo que creáramos nuestros propios libros de historia.

Estemos de acuerdo o no con estas versiones de la historia, en aquel momento el maestro nos movió el tapete y, obvio, lo juzgamos de loco y mentiroso porque siempre nos habían dicho otra cosa. “Ni modo que todos estén equivocados, menos él”. Entonces, en mi casa encontré un libro de González Blackaller y descubrí esas otras versiones. El hallazgo me garantizó dieces en la materia (lo recuerdo bien porque tuve pocos en la secu).

Menciono lo anterior luego de que en todo este sano debate que llega con las fechas, hay una constante: la educación. Éste es el punto de acuerdo, y entender lo que sucede en nuestro convulsionado país es comprender cómo estamos en cuestiones de educación formal y, sobre todo, no formal. Sí, puedo tener un buen maestro en la escuela que me enseñe de la historia, pero de nada sirve si en casa no recibo atención o soy violentado.

Mi madre me contó hace años que tuvo un alumno que cuando grande quería ser violador. Hoy, es de lo más común encontrar niños que quieren ser narcos y las razones son simples: no estudian, tienen mucho dinero, viejas, casas, camionetotas, les hacen canciones chidas y además salen en la tele. Si en casa apenas como y tengo un papá desempleado, obvio que aspiro al narco. O más de cerca, si no tengo trabajo, a nada le atino y tengo una familia que urge de alimentos, el narcoempleo siempre tiene las puertas abiertas para mí.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Sí, vale la pena exigir mejor educación a los gobiernos pero, sobre todo, estar atentos con lo que hacen, ven y piensan nuestros hijos. El ejemplo me sirvió para darme cuenta de que mi padre, en su época de muchos meses de desempleo, prefirió no llevar dinero a la casa que aceptar un trabajo ilícito. Hoy, vemos a muchos empresarios valientes y ejemplares que prefieren cerrar sus negocios cuando son obligados, por los sicarios, a vender drogas. Valdría la pena reconocerles su heroísmo en estos tiempos, porque a su manera defienden el país y educan más de lo que pueden creer.

Leer para conocer nuestro pasado y nuestro presente, observar la realidad con sentido crítico, nuestras vidas con sentido autocrítico, discutir (en el sentido enriquecedor del término), exigir mejor educación y, sobre todo, educar con el ejemplo, son las armas que podemos emplear cuando, como dice el himno, nos ponemos los mexicanos al grito de guerra.

domingo, septiembre 12, 2010

Motivos para celebrar


Claro. También el tema Bicentenario ha atraído muchas posturas críticas (algunas que sirven hasta como pose para vernos más intelectuales) y ante éstas, aparece gente como el anónimo que me dejó mensaje en el texto anterior. “Está bien estar enterado de cómo fueron las cosas”, dice. “Pero hay que tener algo para festejar”. Este comentario-reclamo-observación- recomendación-llamada de auxilio, es compartido por mucha otra gente. Igual, mi hermano César me habló este domingo acerca de la importancia de celebrar ser independientes y vivir en un país libre. Y habrá quienes cuestionen el término “libertad” con justa razón, pero, no podemos ser tampoco lapidarios.


Cuestionar qué hay que festejar para estas fechas, también me parece tan válido como elegir salir a la calle a gritar ¡Viva México! La libertad es la que, precisamente, nos permite celebrar, protestar o elegir posturas y manifestarlas.


Entonces, ¿por qué festejar? Pues bien. Yo nací el 10 de mayo de 1975. Nací con cierta fortuna al ser parte de un seno familiar unido, donde el amor es fundamental. Soy parte de la clase media y de una ciudad que adoro. Aún así, no pude evitar la historia de mis padres, tíos, abuelos y del resto de mis antepasados donde hubo de todo: desde gente con comportamientos demenciales, con tendencias homosexuales, suicidas, clasistas, conservadoras, con poca educación formal (o nula) o preocupada por las apariencias, entre otras perlas muy personales. Luego, si todo eso influye en mi genética, puedo agregar una lista bastante extensa de defectos, de problemas que en ocasiones me mandan hasta el fondo y me convencen de que, en efecto, la vida apesta. Sin embargo, como tenemos la sana costumbre, cada año, cada 10 de mayo, celebro mi cumpleaños.


Esta práctica de celebrar mi nacimiento, también me ha llevado a preguntarme qué demonios festejo, si he tenido problemas económicos, si mi comportamiento no ha sido el idóneo, si choqué un coche estando borracho, si no termino de comprometerme en lo que hago, o incluso si hubiera tratado mal a alguien y la gente me odie. Al final, termino por brindar por los aprendizajes, por todo aquello que me ha gustado o me ha dolido. Entonces hago un recuento del año, reviso lo que crecí en ese tiempo y procuro sacar lo mejor. Obvio, si no hago esta reflexión, pierdo la oportunidad de entenderme mejor y congratularme o comprometerme a enderezar mi rumbo.


Simbólicamente, el Grito de Independencia representa el nacimiento de una nación. Aunque México tiene sus más valiosos antecedentes en la época prehispánica, lo que ahora entendemos como país es fruto de este proceso de mimetización que nos dejó un idioma, una cocina, una cultura, un comportamiento y una historia.


A mí me gusta brindar en mi cumpleaños por todo lo que tengo. Y creo que vale la pena hacerlo por todo lo que tenemos como nación. Para mí, vivir en México es una fortuna. El periodismo me ha colocado en una situación privilegiada para entender de sobra los motivos que hacen a este país grandioso. Y desde 1991, cuando asistí a un Jamboree en Corea representando a México, entendí lo que somos mientras cantábamos el Himno Nacional y llorábamos. Es una lástima que tengamos que salir para comprender que México es mi historia personal, la de mi familia, la de mis amigos y todo aquello que se relaciona con la gente que amo. Se ve, se huele, se saborea, se toca, se escucha lo que somos y todo aquello en común es lo que compone a nuestro país.


No me gustan los panfletos, pero me gusta que haya oportunidad de que algunas personas los hagan o los crean. La libertad nos fue dada (en el mismo paquete que aparece la crisis) y nos corresponde gozarla, luchar por cuidarla, conservarla o recuperarla.



*La ilustración es una obra de FoLé que habla acerca de quiénes somos y de dónde, cuando vivimos en la línea divisoria.

jueves, septiembre 09, 2010

¿Una caricatura DEL país o una caricatura DE país?


Septiembre sufrió la invasión del tema Bicentenario y no hubo niños héroes que lo defendieran. A favor o en contra, aparecen en los medios mensajes panfletarios acerca del orgullo de ser mexicanos y reflexiones relacionadas con el México que vivimos y los escasos motivos para festejar. Ya se pueden ver en la cartelera cinematográfica avances de cintas como Hidalgo, por una parte, mientras El Infierno se gana la taquilla y a la crítica más exigente. Nadie puede ya ignorar la violencia que vivimos en un antro, en un restaurante, en una esquina, en un hogar. Nadie nos puede mentir acerca de esta realidad. Pero, ¿cómo nos verán en 100 años? ¿Y en 200?

Luego de ver la caricatura que publicó Daryl Cagle para ilustrar, de manera inmejorable, esta época de la que nos tocó ser testigos y actores, recordé la portada de La historia de un país en caricatura (El Fisgón/2000) -que bien podría llamarse "La historia de una caricatura de país"-, donde una águila famélica se postra sobre un cangrejo y la serpiente (que simboliza al mal) se le enreda entre las patas con la leyenda: "Progresos de la República Mexicana". Me dispuse a hojear el libro, para encontrar esta imagen y descubrí en ella un símil a la controvertida imagen del periodista norteamericano, pero dibujado por un autor mexicano, anónimo, en 1829. Además, localicé fuertes críticas de la época al gobierno de Juárez, donde incluso aparece una consigna en su contra que dice: "Sufragio efectivo, no reelección" y, para quienes adoramos el arte, una crítica a la clase política del país (juarista) a la que se califica como ignorante, pues se la pasaban dormidos en la ópera mientras escuchaban a la hoy legendaria cantante Ángela Peralta.
Muchos años después, Juárez es la imagen del gobernador perfecto. Pero, en aquel entonces, ¿quién sabe?
Se dice que la historia es impuesta por quienes gobiernan. Es posible que así como 1810 correspondió a la Independencia y 1910 a la Revolución, 2010 sea, en muchos años, recordada por las historias de narcotráfico e ingobernabilidad que vivimos. Quizás, ellos nos gobiernen y sean "los buenos" de la historia y entonces celebremos esta fecha. O tal vez, sea marcada como el inicio de lo que Calderón ve como una guerra, tan ficticia en sus ideales como lo fueron en sus inicios las de Reforma, la Revolución y la de Independencia. Recordemos que las otras versiones, las no oficiales, las más serias, cuestionan a El Grito como independentista por el "¡Viva Fernando VII!", y ven a Francisco I. Madero como un enviado del gobierno norteamericano para desestabilizar a un país que tenía fuertes vínculos con sus enemigos.

No lo negaría jamás: amo este país, me gusta conocerlo, recorrerlo, su gente, su cultura y hasta he llorado con el Himno Nacional, pero veo que así como no es conveniente idealizar a la persona que amamos y su pasado, no lo es hacerlo con nuestro país y nuestro pasado. Sólo eso nos permitirá crecer para no volver a ver, en 100 años, a nuestra águila muerta de hambre, ensangrentada o baleada.

martes, agosto 24, 2010

Cementerio

Este texto es resultado del Rally de Poesía que organizó la UdeG el 23 de junio. Al azar, debía elegir una palabra y escribir de ella en primera persona. Entonces, me tocó "CEMENTERIO" y debía hacer un poema hablando como si yo fuera él. Les dejo el resultado.

Cementerio

O Rosario
llora sobre mí
o Clemente
llora sobre mí
o Piadosa
llora sobre mí

Todos se abandonan
se buscan en su pasado
reniegan
suplican
recuerdan
reclaman
exclaman

Todos
también tú
se cobijan
con las raíces del sauce
y así
más vivos que nunca
para siempre
se hospedan
en cada una
de mis habitaciones

domingo, agosto 08, 2010

Cuando estaba en la secu...

  • Todavía le iba a las Chivas... Hace años que dejé de cagar bolitas.
  • Alguien decía: "Despiertame cuando pase el temblor"... Ni cómo despertarlo ahora.
  • No sabía bailar y hasta se rieron de mí cuando lo hice... En la actualidad, me piden que baile. Nada más me falta fichar.
  • En las tardeadas, muchas se quedaban sentadas, esperando que alguien las sacara a bailar... Sin duda que si fuera el de hoy, bailaba a todas.
  • Me gustaban muchas... Hay defectos que vienen de fábrica.
  • Durante varias clases me quedaba dormido en el mesabanco, aprovechando la espaldota de Dámaso... Dormir siempre fue un buen hábito.
  • Nos dejó de tarea la maestra Connie hacer una entrevista. Yo no la hice, la inventé porque me daba vergüenza hacer preguntas... No sospechaba que en el futuro viviría de eso.
  • Usabamos trapper kepper en lugar de cuadernos... ¿Ahorita usaríamos netbooks?
  • Hombres G era un hit porque usaban la palabrota "mamón"... Ahora el hit han de ser los corridos de Miguel y Miguel, Los Cadetes de Linares o Grupo Marrano por otras "palabrototas".
  • Calzábamos los top sailer y calcetín blanco que estaban de moda... Yo creo que eso se vería bien ahora nada más en un antro gay (con todo respeto).
  • Nos obligaron a aprendernos el espantoso himno de la escuela... Estoy seguro de que si lo escuchamos ahora, nos ponemos a chillar de la emoción.
  • Ardía con ganas, pero era in peinarnos con Súper Punk... Yo creo que eso no vuelve a salir al mercado por tóxico.
  • No había nada tan liberador como martillar con fuerza en el taller de Soldadura y Forja... Nunca imaginé que años después hubiera algo especial con Andrea S., que estaba allí.
  • Era bastante infantil y eso me traía problemas o rechazos... No crecí tanto, seguí siéndolo y eso me trae beneficios. De eso vivo.
  • Ya escribía en una libretita (que sabe dónde quedó) mis piensos... Ya lo hago de manera cotidiana, como parte de de mi oficio, y tengo poco más de 10 años registrados.
  • Pasaba horas en el teléfono. Recuerdo haberme quedado dormido platicando con Laura... Ahora las horas las paso en el chat.
  • Le sacábamos el hilo a los pantalones para traerlos rasgados... Creo que los que ya son papás y mamás ya le saben a la costura y hacen lo contrario.
  • Los hombres nos preocupábamos de que no se nos vieran las constantes erecciones a la menor provocación... ¡Sí, hay cosas qué extrañar! Ya no somos los mismos.
  • No me daba risa tirar una regla... Hoy: tiro una regla, no me río (para mis compañeros, in memoriam para Gremlin).

Había, hace mucho tiempo, la Técnica 4



Hace días que mi mente se pone en flashback. Parpadeo y aparece el taller de soldadura, lo vuelvo a hacer y huele a chicle de sandía, de nuevo y aparecen las butacas verdes con adolescentes que visten una camisa blanca con cuello a cuadros café. Veo el patio principal, las canchas, la pared pandeada de tanta patada que le dábamos todos al pasar, el edificio de cuatro pisos, el auditorio que en una de sus gradas tiene un hoyo en forma de triángulo, y aparecen rostros.

Todo ha sido provocado por una fotografía que me llegó vía Manuel Santos por facebook. ¿Por qué no tengo esa fotografía mamá? Pues porque eras muy sangrón en esa época, me responde ella. No quisiste anillo ni fotografía ni nada. No querías nada. Es verdad.

Manuel Santos me pone en contacto con Érika Topete y Alicia Flores (convertidas en unas señoras guapísimas) a través de esta comunidad virtual. Con Alicia establecí contacto antes y no recuerdo cómo, lo perdí, a pesar de que lo pasamos genial y coincidir tanto. Fue hace cinco años, me recuerda ella. Nos encontramos en el sótano de la Gandhi mientras le recomendaba títulos a un niño. En ese momento ella bajó, sonrió y me reconoció. El niño era su hijo. Hoy quiere hacer cine, me dice. Luego de esa vez, celebramos su cumpleaños en lo que era una sucursal del Madoka en Providencia. Nos amanecimos cantando con su familia y con Ximena Itzel (al cabo que ni me gusta).

El caso es que luego de esto, hace unos días, me encontré con más gente en el "feis": Laura (tomamos algo con Dámaso en Las Palomas hace años), Suro, Juan Palacios, Ramón (que estaba en Secretaría de Cultura hace años), Pepe (a quien vi en el Iteso), Hans, Germán (a quien vi la última vez en un partido del Atlas), Adriana, Rocío... Y etiqueté a Pamela (la primera niña que me rechazó, hoy bailaora) y a Mario Torreblanca, a quien localicé en el hi5 y luego vi en un bar de La Condesa (igualito).

Aparecen muchas historias guardadas en la bolsa trasera del pantalón, allí, donde se olvidan hasta los billetes de a quinientos. Me fui a Tequila y perdí contacto con Dámaso (a quien me encontraba en conciertos de jazz o exposiciones) o con Heriberto (con un corazón y un niño interior vivo que la última vez que lo vi, me impresionó), y de muchos más no he sabido nada.

Esa foto la quiero como recuerdo porque es mi primer grupo aquí, decía la maestra Concepción Pérez. Ella y Ocampo, son los profesores que más influyeron en mi formación durante la secundaria. Quizás porque salieron del canon establecido y decidían ir más allá de lo que dicta la educación común. Así de simple: por una escribo y por el otro pienso.

En la foto, abajo y en medio, aparecen casi juntas dos niñas que me gustaban: Pamela (sujetando el "3o. I") y Teresita (a la derecha de Laurita que tiene el "MAT"), quienes por cierto se pelearon entonces por un guitarrista mayor de edad que nosotros. No veo a Alicia y a Ximena (también ella me gustó, pero casi nadie sabía) y está por ahí Quiroga, a quien vi en el cine en marzo y me platicó lo de la muerte de Adrián "El Gremlin". Observo a mis compañeras en fotos que se tomaron hace poco, en reuniones que no asistí. Son mucho más bonitas que entonces. Más rostros, más rostros, más historias. Muchas más. Podría no dejar de escribir de ellas.

Nunca dije, ni diré, que aquella fue mi mejor época. La sufrí mucho. Entonces empecé a delinear rasgos de lo que soy ahora y, obvio, no encajaba con la mayoría, aunque había excepciones raras como Manuel Santos (también scout, pero del 26) y Antolín (un buen lector que además oía a Los Beatles). Yo era diferente a los demás en gustos y modos de ver el mundo. Siempre digo que mi mejor momento es el actual. Quizás porque ahora puedo acomodar todo el pasado en su lugar correspondiente.

Claro que me llega la nostalgia, pero cuando fui maestro de secundaria recordé perfecto que no me gustaría volver a vivir ese tiempo tan difícil. Yo ya pagué la factura. Sin embargo, recordarlo me anima a escribir esto y, quién sabe, quizás más para este blog o para algún otro proyecto.

*En la foto, todos, yo estoy en... "¿Dónde está Wally?", jajaja. A ver si me encuentran. Agradezco a Santos la imagen y a Pao que la haya arreglado para que se viera mejor.

domingo, agosto 01, 2010

de-des-amor

los voces internas gritan susurran que todo está bien que estoy bien que no pasa nada que no debo preocuparme que todo tiene solución que un error que dos que tres que diez que mil no son suficientes para decir que todo acabó que siempre me puedo levantar y que el corazón el mio el de todos el de todas es un músculo que sana con el tiempo que es normal que sufra un desgarre un esguince y que si está así de expuesto es porque para eso es para darse para tirarse y recogerse aunque también para curarse

eso no es amor me dicen ya llegará me dicen no era la indicada me dicen ella vale la pena me dicen no me gustaba para ti me dicen mereces más me dicen no me mereces me dicen no quiero hacerte perder tu tiempo ni el mío me dicen quiero tener una vida contigo me dicen quiero un hijo tuyo me dicen qué decepción me dicen esperaba más de ti me dicen no te puedo esperar me dicen me gustas me dicen quiero a otro me dicen te deseo me dicen ellas sólo buscan quién las proteja me dicen no te hagas tonto todas nos parecemos todas tenemos las mismas cosas en el mismo lugar me dicen eres un mentiroso me dicen no las entiendas ámalas me dicen quisiera a alguien como tú me dicen y también no me dicen nada

y encuentro que a diario me engaño pero también a diario me digo que no hay problema que soy buena compañía que la felicidad no es una persona un bebé un perrito un periquito un lugar un premio un buen sueldo un instante de compartir piel una borrachera una película una canción es más ni siquiera es una noche de campamento la felicidad es algo que tengo integrado pero que me empeño en ocultar y que sí lo admito hago aparecer a convenciencia pero ahí está aquí está en este espejo que ahora lees

lunes, junio 28, 2010

Tocar con las palabras

Ahora leo Muerte de Tinta, la última entrega de la serie de Corazón de Tinta que escribió Cornelia Funke. Leo la novela y reflexiono acerca del poder de las palabras, de cómo se pueden convertir en una espada fulminante, en la mismísima ley que da orden al mundo o en aquella caricia capaz de tocar el corazón.

Escribir es mi método para encontrarme, para mirarme al espejo y conocerme mejor. Y es maravilloso descubrir que se ha convertido, también, en una manera de tocar el corazón de otras personas.

Larisa me contaba hace un tiempo acerca de cómo ayudó Se busca príncipe azul, pero diferente, al corazón de una amiga suya que vivía una separación. Hay quienes ha reído con textos que les he mostrado y hay otras personas, como a Renata, hija de Rosi, a quienes les sirve de compañía.
La semana pasada, publiqué aquí mismo un poema que escribí para la antología La mujer rota. Separación, expliqué, es un poema que le escribí a Valeria Robles, una niña que estaba viviendo lo duro que es el divorcio de sus papás. Esto de partir el corazón en dos no es algo que haya vivido yo, pero me tocó verla sufrirle y salir adelante. Entonces hice ese texto con la intención de tratar de reflejar ese sentimiento. Lo lancé a una página impresa, como una botella al mar.

A través de este blog, la corriente llevó Separación a ojos de Renata, quien -según me contó su mamá- se encontró, se sintió identificada y se hizo preguntas acerca de por qué escribo estos temas y cómo es que me doy cuenta de lo que le pasa.

En pocas oportunidades soy consciente de lo que piensa o siente quien me ha leído. Y saberlo de una niña como Renata, me convence de que este camino es mío y no debo, ni puedo, abandonarlo. Ya no me lo cuestiono desde hace unos meses: esto es lo que vine a hacer, y saber que pude tocar un corazón, me hace responsable para manejar mejor mis palabras.

viernes, junio 25, 2010

Yo soy tu amigo fiel


“Fui a ver Toy Story y me la pasé llorando”, me comentaron. Ayer me invitaron a verla y sinceramente, salí conmovido y sorprendido.

Primero. Ver el cortometraje Día y noche al inicio, fue de lo más estimulante. Todo ese manejo del tema de las diferencias, de los contrarios, de los puntos de encuentro, en una mezcla de 3D donde el 2D es el que cuenta la historia, me dejó sin aliento. Lo cuento: Dos personajes, una especie de fantasmas transparentes, muestran en su interior imágenes en animación 3D, uno es el día y otro, la noche. Fuera de ellos, todo es negro. Los dos se encuentran, se descubren, discuten y se reconcilian, en una serie de situaciones que divierten y llevan a la reflexión. Ir a ver Toy Story 3 vale la pena sólo por esta parte.

Segundo. La tercera entrega de las aventuras de Woody y Buzz, son una muestra de cómo mantener el interés y el nivel de lo que se cuenta sin desgastar a los personajes. Algo que Shrek, por ejemplo, no ha podido sortear.

Esta vez, Andy (dueño de los juguetes) parte a la Universidad y desdeña a los juguetes con los que creció. Ellos se dan cuenta de eso y deciden ir en donación a una guardería, donde se enfrentan a un Oso Cariñoso con olor a frutas que resulta ser una especie de mafioso, muy al estilo de El Padrino. Hay personajes nuevos e interesantes. Uno de ellos es Ken y confieso que al saber que aparecía en la historia me dio flojera, pero su desarrollo, ese conflicto acerca de su sexualidad es de lo más hilarante. Por otra parte, Bebesote es lo más terrorífico que he visto en años. Se trata una versión infantil de Mike Mayers (Halloween) que con un ojo entrecerrado, su tamaño, fuerza y las rayas de marcador hechas por algún niño que asemejan a unos tatuajes, aunados a sus sonidos guturales de bebé, reafirman ese miedo que muchos le hemos tenido a alguna muñeca vieja.

Sí. También lloré. Pienso que el aporte más interesante de esta entrega son las intervenciones de los niños, la manera en que al inicio se recrea un día de juegos de parte de Andy, aún chico; el recuento en video de sus momentos con los juguetes y, sobre todo, esa parte mágica en la que juega Bonnie, una niña de cuatro años, interactúa con sus muñecos. Al final, esta es la parte realista, donde los juguetes no cobran vida, pero ella se encarga de hacerlo a través de su imaginación desbordada. Esa escena se convierte en algo de lo más conmovedor, sin trucos, sin sentimentalismos hechos a propósito. Imagino que el guionista se sentó a observar a su hija, la vio jugar como lo hace cualquiera, como lo hicimos todos, donde cada muñeco se convertía en varios personajes y donde una caja de cartón puede convertirse en una nave espacial. Para mí, ese es el mayor de los aciertos, lo más honesto de la película, porque al final todos jugamos así.

Al final, Andy se despide de sus juguetes al compartirlos con Bonnie. Él se da la oportunidad de jugar, imaginar, volar, ser el caballo de Andy, tirarse al zacate y volver a tener la edad de su amiguita, para después subirse a conducir un auto. Allí, Andy decidió volver a ser niño para nunca dejar de serlo y, a su vez, se despedió de una etapa de su vida.

Comparo, claro que lo hago. A mí, Toy Story 3 me parece la más honesta de las tres cintas y, además, me hace pensar en mi oso de borra, este enorme ciego que me acompaña desde que tengo tres meses de edad.


lunes, junio 21, 2010

Ciclo cerrado, 13 años después


Me atienden en la ventanilla de un banco. La cajera me dice que es urgente que me presente en la Preparatoria 7 porque debo pasar un examen de Biología. No estás acreditado, me dice. Alego que sí, que hasta terminé mi carrera. No le importa. Voy a esa escuela donde estudié y llego tarde a la prueba. Hay un silencio sepulcral. Me doy cuenta de que no estudié. Me entregan la hoja con las preguntas. No sé qué responder…

Se trata de un sueño recurrente, sólo variaba la materia y el grado. Podía suceder en la secundaria o en la universidad. Creo que este fin de semana terminé con eso.

Luego de 13 años de haber egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación del ITESO, acabo de recibir un certificado que dice que ya me titulé. Lo hice a través de una opción llamada RET, en la que debo entregar un reporte de experiencia profesional, una buena lana, hacer correcciones pertinentes con un asesor y concluir el trabajo en una agotadora pero interesante jornada de reflexión de fin de semana.

El sábado y domingo pasados, concluí. En la mesa de trabajo: la asesora Graciela Bernal -quien por cierto me impartió una materia cuando estudiaba-, el ingeniero en sistemas Yared Castellanos, el arquitecto Álvaro Preciado y el administrador de empresas Manuel Gutiérrez. Los tres, más o menos contemporáneos. Hablamos de nuestras experiencias, compartimos ideas y concluimos un documento en el que describimos (aunque no en detalle) lo que hemos hecho desde que egresamos. Entre algunas reflexiones, nos dispusimos a escribir un perfil profesional y delinear nuestros proyectos a mediano plazo. La idea de juntarnos de distintas carreras era encontrar puntos en común y enriquecer nuestro reporte con una visión más amplia. Me di cuenta de muchas cuestiones.

Al final, entendí que por más miedo que tenga, mi deseo (además de escribir) es abrir una empresa editorial. Y es que luego de toda la revisión me di cuenta de que tengo todo para hacerlo, excepto el dinero, claro, y que siempre le he sacado la vuelta a convertirme en empresario. Bien me dijo Fausto que no debo pensar en que no sé de administración, porque para eso hay personas que estudiaron y que a eso se dedican. Tiene razón. ¿Entonces? Ya lancé la moneda. Ahora lo que debo hacer es aprovechar el tiempo para comenzar. ¿Qué de malo puede suceder? ¿De dónde sacaré el capital? ¿Dónde encontraré a ese administrador? Nada de eso sé, pero si no le avanzo jamás lo sabré.

Por ahora me siento agradecido con mis compañeros de mesa por abrirme los ojos, con Ángela Godoy que me brindó apoyo moral y, sobre todo, con Graciela, quien hizo que me reconciliara con la institución. Hace muchos años (unos 10), me molesté con el ITESO porque luego de entregar mi proyecto de tesis, de que me lo alabaron y pagué la asesoría, nadie quiso ser mi asesor. En seis intentos, todos me rechazaron. Así que decidí mandar al carajo a la universidad y procuré, hasta donde pude, no volverme a parar. En fin, una década después del desaire y el berrinche, regresé para cerrar este ciclo que me permite abrir otros más.
*La foto es de aquellas épocas en las que hacía teatro en el ITESO. Nótese la barbita. ¿Alguien se acuerda? Hace casi 14 años.