lunes, mayo 10, 2010

35 años - 35 maestros

La fortuna me acompaña siempre que se trata de quereres. Me doy cuenta de que he tenido una vida privilegiada al contar en mi camino con tanta gente valiosa que me quiere y admira y a quienes siempre agradeceré. Esta vez quiero dedicar mi cumple a las personas de quienes aprendo. Algunas están cerca, otras lejos, hay quienes ya no viven y a quienes ni siquiera estimo. Sé que de todos, todos los que conozco aprendo algo, sin embargo, enlisto a 35 fundamentales. Perdonen si se sienten excluidos algunos, pero de igual manera, como dije antes, hay con quienes ya no tengo contacto o con quienes nunca hubo amistad que sin embargo han sido grandes maestros en mi vida y aquí van incluidos.

Gracias a todos aquellos que recordaron mi día. Muchas gracias por estar conmigo. Espero este año ofrecerles tiempo de calidad.

Ojalá no les parezca extenuante. Yo gocé en escribirlo. Es mi regalo que me di. Si recuerdan a alguien de aquí, espero comentarios.

  1. Lila y Nena. Mis abuelas guiaron mis primeros pasos en el aspecto religioso y con ellas aprendí cuando niño desde persignarme y limpiarme la cola, hasta a leer, rezar o “granjearme” a las personas. Las dos son causantes de que San Francisco de Asís sea mi guía espiritual desde siempre.
  2. Bertha. De mi mamá, todo. De ella aprendo todavía acerca de la nobleza, la unidad, lo que es y debe ser una familia, a llorar sin miedo. Incluso, por una charla que me disgustó con ella, aprendí que no quiero dejar de ser niño jamás.
  3. Francisco. De mi papá aprendo que nadie me para, nadie me vence, y no hay manera de que algo o alguien detenga este tren. Aún cuando se trate de asuntos que en su momento no le parecieron. Hace poco, entendí el valor de la docencia y confirmé que no debo dejar de hacer lo que me gusta.
  4. Hugo. No es fácil aprender a ser hermano. Para esto es necesario hacer a un lado los celos, las envidias y comprender que el amor así de fraternal nunca es fácil, pero no tiene límites.
  5. César. No pude tener mejor maestro de algo que siempre carecí pero que desarrollo conforme convivo con él y eso me fortalece. Mi hermano me enseña acerca del valor.
  6. Lidia. La abracé y la amé para siempre. Es curioso ver que mi hermanita se ha convertido en una mujer que habla acerca de la verdad como pocas personas pueden hacerlo. Mi confidente en casa, mi honestidad se fortalece con ella a diario.
  7. Gracia. Entiendo que mi tía me ve como a su hijo. Al ser la primera persona que me cuidó, tengo mucho que agradecerle. Más aún al saber el tipo de infancia que vivió. Ella, tan hermosa siempre, forma parte de las primeras imágenes en mi vida.
  8. Martha es mi segunda madre. De mi tía aprendo siempre que todo lo que deseo lo puedo conseguir. Es un espejo mío en muchos aspectos y siempre una inspiración.
  9. ChavAkela. Mi primer líder y quien me recibió en el mundo de los scouts. Desde luego que si en algo soy independiente, de él es la semilla. Y si alguien ha sido inspiración para tratar con niños, es mi querido Akela de voz estruendosa y dulce.
  10. Dani Alfaro. A él lo vemos como un padre. Debe ser complicadísimo ser una guía en ese duro paso de la adolescencia a la adultez. Los principios y el arte de tomar la decisión correcta llegaron con una extensa reflexión de la que todos vacilábamos cuando expedicionarios. De él aprendí a guardar la basura en la bolsa del pantalón en lugar de tirarla en la calle.
  11. SergioMario. Es mi primer guía de aventuras. En la tropa, con todo y lo afeminado que era, supo ganarse nuestro respeto y me enseñó las bases del escultismo. De esta forma de vida que me dio todo.
  12. Capi. En una frase me dejó una enseñanza que reproduzco. “Sé que me ves viejo, pero háblame de tú. A ver, ¿hablas con Dios? ¿Y cómo le hablas, de tú o de usted? Ah, si le hablas de tú a Él, a quien más respeto debemos, ¿quién soy yo para sentirme superior?” Desde entonces tuteo a quien sea.
  13. Connie (Concepción Pérez). La primera entrevista que hice en mi vida fue en la secundaria. La maestra Connie, nos ponía a hacer cosas raras y distintas, experimentó con nosotros y sin duda fue mi primera inspiración para la carrera que elegí seguir.
  14. Ocampo. A nivel intelectual es mi primera inspiración. Saber que los Niños Héroes no eran niños ni tan héroes, y que Benito Juárez no fue un santo, movió todos mis esquemas. Sin esa clase de Ciencias Sociales en secundaria, dudo que me hubiera llegado la inquietud de saber qué hay más allá de lo que se dice. De él supe por primera vez que los libros de texto no sirven para educar.
  15. Tere. La vi por primera vez a los 8 años y me flechó. Se trata del amor de mi adolescencia. De ella obtuve cátedra de amor y desamor, de aprecio y desprecio, de lo lindo y lo espantoso que puede ser sentirse enamorado.
  16. Chino (Hedilberto). Mi compañero de viaje y mi amigo más antiguo. De él y de todos mis demás hermanos scouts he aprendido muchísimo. Pero algo que nunca olvido es que me enseñó cómo tomar café y la importancia de caminar derecho para echar los problemas atrás.
  17. Ángela. Si un día llego a dar clases a nivel licenciatura (que es una meta para mí) desde luego que será siguiendo sus pasos. Me parece que es la primera mujer que me sorprendió con su brillantez y su sencillez. En una muy breve charla me dio el nombre de un poeta colombiano a quien admiro: Jairo Aníbal Niño, de quien he aprendido muchísimo a través de sus letras.
  18. Néstor. “Clávense. Si hay algo que les gusta hacer, clávense y conviertan todo en herramienta para realizarlo”, dijo. No recuerdo nada más de esa clase. Sólo esa recomendación que luego de la carrera se convirtió en una guía.
  19. Nepote. El gusto por la literatura lo adquirí en la preparatoria. El taller de lectura de él fue por demás estimulante y hasta entonces comencé a convertirme lector (algo tardío).
  20. Gil. Comprender qué se necesita para trabajar con y para los niños fue a través de Gil Domínguez, en Radio UdeG, mi primera escuela real.
  21. Negro Guerrero. “Tú no me enseñas nada. De ti aprendo”. Esa frase y comprender el valor de desarrollar el lado femenino sin avergonzarse, han sido invaluables y parte importante de toda mi formación profesional.
  22. Clarisa. Aprendí por primera vez lo que era tener una relación y malaprendí que para que alguien se enamore de mí es importante no ser tan bueno. También con ella me eché el primer cigarro (algo que nunca hice habitual)
  23. Gabi. Escuchar con las orejas y el corazón viene de ella, así como mi gusto por el jazz. Es mi instructora musical y de ideas claras y sencillas que pueden ir de la razón a las sensaciones.
  24. Ana. Hizo que me enamorara definitivamente del periodismo y marcó mi paso. Con ella aprendí a comprender que era bueno escribiendo y que se me daba con relativa facilidad. Además, es quien me hizo incursionar al verdadero gusto por las artes plásticas, una de mis pasiones..
  25. Franco. Marcó la manera de definir un estilo al escribir, acerca de la ética y el valor de saberme bueno en lo que hago. Me parece que con él aprendí a explotar el punto.
  26. Triana. Es el hermano mayor que no tuve. En mis momentos de mayor depresión me sacó a flote y me enseñó a valorar y tomar cada vez más en serio lo que hago para niños. Es también un maestro en asuntos de grilla.
  27. Toni. Durante un tiempo busqué un maestro guía, con quien platicara y aprendiera de todo. Ese maestro llegó en Toni Guerra, quien con todo el amor me hizo notar y no solo eso, sino descubrir que para algo tengo talento y que además puedo explotar más allá de lo que creo.
  28. Carmen. Desde luego que la Villoro ha sido toda una inspiración para mí. Con ella me empecé a dar confianza para escribir, es el primer paso del gran paso que doy ahora para dedicarme a escribir, y la muestra de que puedo alcanzar cualquier cosa que desee.
  29. Migues. Ver crecer a Miguel Ángel, ver sus proyectos, ver cómo se realizan, es encontrarse con un monstruo creativo. Nada más platicar con él es estimulante.
  30. Celina. El amor es Celina. Es la muestra de que a veces amamos tanto que nos da miedo y vergüenza y decidimos huir. Sin ella no habría publicado mi primer libro.
  31. Ana María Machado. Esta escritora brasileña me enseñó bastante en tres pláticas que pudimos tener. Mi autora para niños favorita, la más completa, la más inteligente, la más sencilla, me guió en mi trabajo como escritor cuando decidí comenzar.
  32. Guillermo. Uno de mis más recientes maestros fue Memo, mi exjefe. Reconozco que cuando lo conocí no esperaba mucho de él, pero durante tres años se convirtió en mi guía en cuanto a lo político y afectivo. Me mostró la sierra
  33. El Peri. Puedo hablar poco de él. En realidad no lo conozco. Sin embargo, en más de 30 años no odié a nadie y dudo que alguien me haya llegado a odiar como él. Con él aprendí lo que es eso y saberlo me abrió los ojos al mundo real.
  34. Raquel. Sí, ella realiza un servicio por el que pago, pero es una maestra que ha superado mis expectativas. Mi terapeuta ha sido fundamental para el tiempo que ahora vivo. Sé que yo hago las cosas, pero ella me ha mostrado los caminos a seguir y los resultados saltan a la vista para quienes me conocen bien.
  35. Miriam. Mi actual maestra del corazón. Es dura, impuntual, corajuda, pero es quien me ha hecho comprender que el amor cuesta y que comienza con uno mismo. De ahí parte todo. Además, saber que la tengo a mi lado (aunque sea a distancia y en silencio) me da la fortaleza que necesito en momentos como este.

Tan afortunado soy que la lista es más grande. Pero siempre será insuficiente el espacio y siempre serán insuficientes los números, y siempre será insuficiente el amor que merecen todos mis maestros de la vida que a su vez son mis compañeros de camino. Gracias, gracias a los que me he topado alguna vez. Créanme que tengo una frase de cada uno

sábado, mayo 08, 2010

Silencio


Estos días he aprendido mucho del silencio. Mi terapeuta ha insistido en que realice ejercicios de meditación, donde el silencio es fundamental para escucharme, para entenderme mejor y continuar con la vida poniéndome mayor atención.
En la música, el silencio sirve para darle sentido a lo que se escucha, en el sentido de la atención (como en un cuento que ahora escribo donde un hombre sencillo, encargado del mantenimiento de un teatro es pieza fundamental para que las orquestas se escuchen como en ningún otro lugar), y en el de la propia música, como pausa para hacer cambios en lo clásico o simplemente para sorprender, como en el jazz.
Indisciplinado, como siempre, para escribir, salgo a mi yo interno a buscar el método. Entonces comprendo la importancia del silencio. Éste me ha servido para acompañar a las letras, para captar con más claridad lo que siento y lo que pienso. Hay resultados que me gustan.
El silencio, también, lo dice todo. Nos ayuda a hablar más de lo que se cree. Recuerdo que en mi adolescencia, cuando los golpes del matamoscas dejaron de causar efecto sobre mí, mi madre utilizó un método más infalible: el silencio. Nada me dolía más que eso. Y el silencio se convirtió en mi peor castigo.
El silencio también es un grito, una imploración para solicitar espacio. Yo no sé si perdí algo de lo más importante que ahora tengo en la vida por hablar demasiado, pero recibí hace unos días un mensaje claro que creo entender: silencio, como una solicitud de distancia, de dejar ser. "Hazlo orgánico", me dijo Vanessa. Entonces dejo fluir al silencio. Ya se hablará después. Siempre hay tiempo y como en el caso del silencio de mi mamá, el amor no está en duda.

viernes, abril 23, 2010

ODIO LEER

Para conmemorar el Día Mundial del Libro...

ODIO LEER

Porque me la paso soñando despierto

Porque pienso más en imposibles que en realidades

Porque me hice enamoradizo

Porque a veces un libro no me deja salir de casa y hace que llegue tarde a todas partes

Porque ya se llenó el librero y no tengo para compar otro

Porque me volví un tipo extraño desde la primera vez que leí
Porque si me ven leyendo asumen que no hago nada importante

Porque no puedo disfrutar las telenovelas y las critico de que no tienen buenas historias

Porque siempre comparo el libro con la película y por lo general ésta última pierde

Porque me da rabia no poder leer TODO
Porque me vuelvo un pesado si se trata de libros que para mí son basura

Porque tengo pocos conocidos con quienes comentar lo que leí

Porque invierto (o gasto) demasiado dinero en libros

Porque no falta quién se robe mis libros o no me los devuelva

Porque me da ansiedad leer tantas frases buenas y no saberlas de memoria

Porque me obligaron a leer "Diario. Corazón de un niño" y por eso lo odio

Porque si vendiera lo que fuera el mismo tiempo que dedico a leer, sería rico

Porque me nacen ganas de escribir, lo hago, quiero que me lean y nadie lo hace

Porque no duermo hasta terminar el capítulo, bueno, uno más y ya, está bien, el que sigue...

Porque no me cae bien cuando en cada charla presumen lo que han leído

Porque me quedo con ganas de saber qué pasó después del final

Porque si se me moja un libro, me enojo bastante. No debería ser importante

Porque me quejo de las revistas que hay en las salas de espera

Porque no puedo ser frívolo

Porque por eso tengo demasiados escrúpulos

Porque leer no me hace más guapo

Porque cualquiera puede sobrevivir sin leer. Siento que yo no

Porque me afecta más de lo normal la letra de un bolero

Porque leer no me da de comer

Porque me frustra no tener dinero para comprar el libro que me gustó

Porque hasta me la creo que eso me hace especial

Porque leer no siempre nos hace mejores personas

Porque me molesta que días como hoy pasen desapercibidos
¿Y tú por qué odias leer?

Pastilla roja


–Ya me tomé la pastilla roja ­–comenta Dominga sin que yo sepa a qué se refiere para después aclarar–. Salí de la matrix.


Me costó trabajo comprender a qué se refería. Ya después me recordó que en la película de los hermanos Wachowsky esa pastilla fue la que le dieron a Neo para despertar y salir de la matrix. Platicamos un buen rato con Norma y me hizo caer en la cuenta del momento que vivo en la actualidad.
Más allá de complots y grupos oscuros al estilo de esa cinta o del Código Da Vinci, pongo mi vida en retrospectiva y me hago consciente de que trabajo desde que tengo edad para hacerlo, y lo hago para empresas o instituciones donde me hacen sentir que de verdad me hacen un favor al darme empleo. Dominga me cuenta acerca de salir de un letargo en el que todos caemos, donde al final hacemos lo que los demás quieren. Entonces, somos manipulados siempre. Y parece de cuento, pero la verdad es que, si nos ponemos a pensar, somos educados para obedecer, consumir y no preguntar.
Ella lee, investiga, hace hallazgos, tiene en mente a su hermano sacerdote y se hace más preguntas. Sin embargo, eso le da paz y eso es algo que compartimos.
Hoy me desperté a las 8:30, puse la radio, me senté a escribir, fui a tomar un café con Clarisa, regresé, fui a la librería del FCE, me quedé un rato en la Rambla Cataluña, encontré amigos, saludé a Mariño, a Gil, a Nubia, me dijeron que había escrito un texto “que no quedó tan mal”, me aguanté la risa, regresé a casa, hice la comida, abrí libros nuevos, sonreí, me senté a escribir y al rato iré al cumple de Zul. Esa es una rutina que da paz y que me hace sentir libre.
En efecto, no tengo para pagar la renta, pero sé que llegará el dinero, y luego veré qué, mañana no sé qué haré en la mitad del día, pero la otra mitad disfrutaré ver a mi papá con sus amigos de la adolescencia. Además, este tiempo he escrito como nunca. Tengo proyectos en mente y tiempo para dedicarme a ellos. Recuerdo a FoLé cuando me contó lo difícil que fue para él la decisión de dedicarse de tiempo completo a la pintura. Entonces hago cuentas, sé que me irá bien, me tengo una confianza tremenda y nada ni nadie me puede detener. Entonces el impulso de mi gente, con Miriam y mi familia a la cabeza, cobra sentido. Le explico a un sacerdote acerca de lo difícil que es reconocer que tengo dones y la responsabilidad de explotarlos, de aprovecharlos para regresarle así a Dios (o como le queramos decir) todo lo que me da, pero sobre todo, darle sentido a todo lo que hago. Servir.
Ser libre luego de tomar la pastilla roja, da mucho miedo, me obliga a aprender a caminar de nuevo, a volver a conocer a las personas y sobre todo, a verlas desde otra perspectiva. Es entenderlo todo, renunciar y rechazar propuestas que me puedan amarrar de nuevo y saber que todo irá bien, porque ser libre ya es suficiente bueno.
La pregunta más frecuente: ¿A qué te dedicas?
Me acostumbro a decir que a escribir, aunque la siguiente pregunta sea qué hago para vivir. Llegará un momento en que dejaré de dar explicaciones. La libertad cuesta. La quiero.
*En la foto, con Zully, mi sobrina. En uno de mis actos de libertad.

martes, abril 13, 2010

Domingo


Tuve una vez un domingo feliz. Espigada sonríe, se muestra segura, habla del lugar como si se tratara del inicio de un sueño realizado. Serio, peinado a un lado por fuerza, intenta hablar y le gana la risa, son nervios. Alto y con el mayor desenfado al caminar, observa cada detalle, no habla.
Hugo cuida con la mirada a sus hijos, un niño y dos niñas con distinto carácter pero las mismas facciones, se ve contento. Lidia se siente apoyada con la presencia de David. César no demuestra manifiesta orgullo, pero en cuanto aparece Grettel, se convierte en ese personaje rudo capaz de enternecer a cualquiera.
Tengo tres regalos que no son el cielo, la luna ni el mar, pero son lo mejor que pudieron dar mis padres.
Muchas veces digo que en ocasiones me siento el menor de los cuatro y quizás sea por el nivel de admiración que les tengo. Quisiera tener el valor de César, el carácter de Lili y la mesura de Hugo, quisiera estar con ellos todo el tiempo y por eso procuro compartir su felicidad cada que se puede. Esta última vez los observé y no pude evitar el recuerdo de Hugo junto a mí rumbo a la primaria, sus brazos chorreados de mugre y su llanto el día que me peleé en la escuela; a César mostrarse todo un guerrero desde que nació, tomándome de los hombros arriba de la bicicleta cuando lo traía del preescolar y renegando, siempre, todavía; a Lili la primera vez que la abracé y la uní a mí para siempre, comiendo platos enteros de ostiones y patas de mula desde los dos años, con su cabello largo, bailarín y con el amor más manifestado que conozco.
No dejo de verlos así. No dejan de ser niños. Eso tenemos. Me los traje de paso en esta decisión que tomé de no crecer, de mantener vivo al niño, de ver amanecer hasta ahora los regalos en el árbol de Navidad y mostrar la misma ansiedad y sorpresa de la madrugada. Reímos, lloramos juntos, compartimos la emoción. Somos uno.
Este domingo los vi realizados, cada uno con sus retos y dificultades pero ninguno vencido. Todos hacen lo que quieren, lo que les gusta: abogado, contador, psicóloga, los tres con principios inquebrantables, valor y mucho por hacer. No somos hermanos con autos último modelo, ni con casas y terrenos, cada uno hace su lucha individual, con sus familias y con la claridad de que no podemos uno sin el apoyo del otro, no podemos dejar de ir al futbol de los domingos, ni dejar de asistir a la apertura del lugar de trabajo, ni de hablar con orgullo de los tres, ni dejar de amarnos.
Todos somos unos sentimentales, eso lo compartimos con nuestros papás. Ni modo. Somos imperfectos, discutimos, nos enojamos, nos sentimos mal de un mal comentario y preocupados de una decisión que consideramos poco acertada, pero nos disfrutamos este domingo, otro más, uno feliz que tuve.
*En la foto, Hugo y Lili inauguran sus oficinas en Ávila Camacho.

viernes, abril 09, 2010

El juego perfecto en una película imperfecta


Saber que estaría en cartelera el “refrito” de Los pequeños gigantes (Hugo Butler, México, 1960), me llevó a recordar aquellas tardes de martes de películas para niños en Canal 4. Entonces, cada semana me iba a la habitación de mis papás para ver lo que pasarían, mientras mi mamá planchaba. “Había una vez un barco chiquito…” era la canción que interpretaban mientras viajaban en autobús los niños de aquel equipo de Monterrey que en 1957 conquistó las ligas pequeñas en Estados Unidos. Recuerdo cómo se ponían a limpiar el campo para entrenar, el problema de las visas al estar en el torneo, a dos niños perdidos y desde luego el juego final, donde el pitcher, Ángel Macías, consigue un “juego perfecto” luego de que los compañeros y amigos lo animan con un “kikirikí”.
Invité a mi madre a ver El juego perfecto (Wiliam Dear, Estados Unidos, 2009) hace unos días, para recordar mejor aquella película que era en buena parte era un documental narrado por el entrenador César L. Faz, mientras veía esta versión.
Siempre es algo incómodo ver cómo los gringos nos meten a un estereotipo. Sí, en la medida de lo posible, la historia es la misma. Pero en este caso, Monterrey es mostrado como un ranchito, la frontera es sólo una pluma como las de estacionamiento y la música (que es de lo peor de la cinta) parece extraída de El Zorro. Luego de ignorar esto, los niños, actores, y en sí, el argumento, emocionan.
Soportada por escenas documentales de aquellos juegos históricos (que aparecen en la primera producción, hecha tres años después con los propios jugadores como actores), no deja de lado el homenaje al equipo y explota situaciones que conmueven, como la del Himno Nacional Mexicano (cualquiera que lo haya escuchado fuera del país puede entenderlo mejor), la relación de Ángel con su papá y varias escenas del racismo que se vivían en aquella década.
Se agradece, pues, el respeto al equipo de Monterrey, resultado del guión supervisado por quienes sobreviven de aquella gesta deportiva que, sin duda, dejó como herencia a una nutrida afición beisbolera en el país.
Salimos satisfechos de la sala, porque decidí dejarme llevar y disfrutar la película como lo que es. Claro, mi mamá y yo nos quedamos con Los pequeños gigantes, con todo y El barquito como tema musical y el kikirikí (que fue real) del último out, pero vale la intención ver El juego perfecto para las nuevas generaciones.


Fragmento de Los Pequeños gigantes:

miércoles, marzo 17, 2010

Escribir sirve para escribir




Guadalajara vive distinto. En el cotidiano no hace falta un motivo para encontrar situaciones estimulantes y dejarse llevar por ellas. Esta semana, el Festival Internacional de Cine no sólo me dio trabajo sino oportunidades para reencontrarme con sueños cumplidos (aunque sean ajenos) y personajes capaces de animarme a seguir. Esta tarde fui a ver "Suertes, Humores y Pequeñas Historias. Cortos Animados del Bicentenario", donde un grupo de animadores realizan anécdotas relacionadas con la Independencia y la Revolución en México, pero antes de los cortos, un breve documental muestra el proceso de realización en el que aparecen directores que han convertido a Guadalajara en la capital de la animación en el país. Entre ellos están René Castillo y Rita Basulto, a quienes admiro hace tiempo por su trabajo y, sobre todo, por el tipo de personas que son. Estos días, el tema de luchar por lo que se quiere lo veo en todas partes, incluso en el simple encuentro con Erasmo, quien me platicó de sus proyectos para hacer un largometraje con Tonatiuh.
En esta función, vi proyectos ambiciosos hechos realidad, lo que para propios y extraños sería un disparate o algo imposible. Y todo eso me hace pensar en la posibilidad (en lo posible) de lo que quiero de mí. No recuerdo en qué momento me empecé a creer que escribir es lo mío, pero pensar en ello me hace sonreír, me hace notar que, en mi caso, la felicidad está en estas líneas. Esta satisfacción no se compara con ganar buen dinero, estar con una hermosa mujer, o recibir reconocimientos. Se trata de aprovechar un don y sentir amor por lo que hago.



En el documental dedicado a Rigo Mora, animador que creó una escuela en esta área del cine, escuché acerca de compromiso, de la disciplina, de la intensidad, de no rendirse, de realizar un sueño. Eso resulta inspirador.



Llevo semanas en las que me siento incapaz de escribir, a pesar de que he decidido dedicarle más tiempo. Pero afortunadamente aparecen personas especiales que se han convertido en mi espejo, en parte de mi alma, en parte de mí, que me recuerdan la importancia de creer y no dejar de soñar. Pienso, entonces, que escribir ayuda a escribir. Suena redundante y vacío, pero tiene su fondo.



Gracias Miriam.




*En la primera foto, una imagen del cortometraje dirigido por Rita, donde la narradora es una niña que resulta ser hija de Hidalgo. Mi favorito de los que vi.
**En la segunda foto, en medio y de traje aparece Rigo, a la derecha René y a la izquierda Rita, quien quiero que me ilustre un libro.

lunes, febrero 15, 2010

Encarrilarse


Encarrilarse es algo complicado. Algo pasó estos tres años. En definitiva, no soy la misma persona, ni pienso igual, ni hablo igual, ni creo en el igual. Esta vez me ha costado como nunca encarrilarme para escribir. Me la pienso dos, tres, cuatro veces antes de hacerlo y como siempre, siempre encuentro pretextos. Seis meses dedicados a producir. Ahora me pregunto si los aprovecharé y me afirmo que sí. Hasta he decidido no “trabajar”. Darlo todo es algo que no me había atrevido. Recuerdo cuando Folé me contaba que decidió dedicarse sólo a pintar, las que pasó y lo que ahora es. Y reflexiono acerca de que, si no dedico tiempo y esfuerzo a escribir, jamás veré beneficios. De lo contrario, sería como el que reniega de no ganarse la lotería sin haber comprado boleto.
Sorbo café, escucho jazz, veo la gente pasar. Guadalajara me sienta bien, con sus jueves de salsa, con su cine a tres pasos, con su montón de mujeres lindas y sus calabacitas tiernas, con sus muchos autos, con su opción culturosa, con mi familia, con amigos, con los conocidos que me encuentro al paso de donde sea, con sus borracheras, con sus olores. Será que soy de aquí que hace que este sea mi elemento. Me acostumbro pronto y me sorprende eso. Pero sobre todo, me da miedo ser el que antes era, acostumbrarme al de antes y pronto también. Supongo que darme cuenta ayuda a no caer en lo mismo. ¿Será? Y entonces preguntármelo es dudar de mí y eso me preocupa también. “No te preocupes, ocúpate”, diría.
Me obligo a trabajar en mis asuntos, en lo que deseo, a esforzarme, y entiendo que todo se vale, menos rendirme. “El lobato se vence a sí mismo”, dice la ley de la selva… Me animo con textos como este y luego sabe qué pasa. Puede que no pase nada. Ayer vi Nueva York a escena y me di cuenta de lo que es hacer un buen guión; hoy vi a Gabi en el Tec dar clase y me di cuenta de lo que es una buena maestra, de que quiero serlo también; ayer vi bailar a Ada y me di cuenta de lo que es bailar bien, de lo bien que uno luce al hacerlo y me reí a morir con ella, Ale y Nayeli, quienes me sorprendieron al verlas bailar también; ayer encontré en Beatrice el placer de dar, de darse a través de un detalle. Me animo con eso también.
Luego no falta quien dice: “escribes bien”, cuando en realidad lo hago así nada más, a la carrera, por hacerlo. Demerito eso. Para mí, escribir es fácil. Y hacerlo fácil es la ciencia de esto, como ver jugar a Ronaldo o a Messi. Escribir esto, por ejemplo, es pasar el tiempo en un café, es por mientras, como ver televisión cambiando los canales en lo que se cumple el minuto que sigue, el siguiente.
Pienso en mi madre, en Mari Berra, en cuando estudiaba en el ITESO, en que me debo titular ya, en que quiero ir a ver a Diana Krall, en que no sé si iré por la noche a ver a los Leones Negros, en que depende de si veo o no a Rosi Lizaola, en lo guapa que está la chica que pasa, en cómo le estará yendo a Miriam en el DF, en que este café no es tan bueno, en lo que hablan los de la mesa de al lado, en que ya no paso por estudiante, en que dejo pasar oportunidades, en que me da miedo la siguiente sesión de la terapia, en que escribir lo que sea, como esto, me hace bien, en que me encarrilo, en que lo intento y lo consigo, en que tengo las manos calientes y en que las yemas de los dedos palpitan cada que uso un teclado y en que sentirlo es sentir vida en lo que hago.
Me voy.

*Foto tomada en La Selva: Ada, Nayeli, Ale y parte de mí.

martes, febrero 02, 2010

De Manzano a Montenegro


Odio mudarme. Sin embargo, también odio vivir en un sitio que no me convence. ¿Qué odio más? Es como esa incógnita que tenemos de: "no quiero salir de la cama pero tengo qué ir la baño", donde durante unos minutos evaluamos qué preferimos y qué es inevitable. Sin duda, al final terminamos levantándonos para ir a orinar.
Algo así me sucedió con esto de la mudanza. Yo debo agradecer la amabilidad de Darío para recibirme en su casa a mi llegada, sin embargo, no aguanté más de dos semanas escondido de la luz solar. Y no es que me sienta Birdman, pero dicen que en verdad el Sol nos da energía y en esa casa todo el tiempo hacía frío. Hasta Batista, mi pez, se la pasaba en la esquinita y abajo de la pecera por lo mismo.
El caso es que en ese espacio nunca estuve contento. Al grado de que no se me antojó nunca hacer invitadero.
Coincidió que Chucho, un amigo de la DiPA, consiguió casa, grande, bonita, por Montenegro. La conocí, tomamos unas chelas ahí y ahora me doy cuenta de la importancia del espacio; mientras en Manzano tardé años en arreglar mi habitación, acá lo hice en un ratito.
"Está padre para que te pongas a escribir", me decía Chucho. Y bueno, entrar, ver un patio y una enorme bugambilia gobernando la casa, siempre es agradable.
Aún faltan varios arreglos, pero me siento contento y cómodo. Ya saben. Invitadísimos a llegar. Ese patio se antoja para una cerveza, un tequilita, jugar dominó, Risk, cartas, platicar, comer una carnita asada y obviamente, para recibir a los amigos. Cuando quieran darse una vuelta, me avisan.
Les recuerdo mi celular nuevo: 331 124 1569 y la dirección es Montenegro 1428, entre Rayón y Escorza.

viernes, enero 22, 2010

Instalación


Mis últimos días en Tequila se fueron sin que me diera cuenta. Me ocupé. Dediqué tres días casi completos a empacar y el último fin de semana vendí parte de mis libros. ¿No te dolió? Me preguntan en repetidas ocasiones. La verdad es que no. Luego de ver los rostros de quienes se los llevaron, me di cuenta de que en realidad los dejé ir y estoy seguro de que recuperaron su valor en otras manos. Así sucede cuando dejamos fluir, cuando permitimos que aquello que aseguramos nos pertenece, le damos la oportunidad de encontrar un mejor sitio.
Elegí un 40% de la totalidad de mis libros. Muchos de ellos seguían envueltos. Tres o cuatro años después de adquirirlos no los leí. Nunca lo haré. ¡Vas a terminar por comer libros!, dice mi madre. Esta vez entendí como nunca; armé un estante, puse tres libreros pequeños y puse un anuncio en la ventana que da a la calle de la casa que habité durante tres años. Así llegó una familia. Vecinos que nunca conocí y que tenían intereses comunes a los míos. Se llevaron los primeros libros. Luego de ellos llegaron las de al lado de mi casa, el maestro de pintura del pueblo, una promotora de la Ruta del Tequila, su amiga, y más personas. Sábado y domingo arribaron quienes debían aparecer. Al final, recaudé mucho más de lo que imaginaba y no sólo en cuanto a lo monetario. Me di cuenta de que en otra casa, dejaría esos libros en una caja, amontonados, distantes de la dignidad que merecían. Esta vez llegaron a buenos ojos.
Eloisa llegó el miércoles. Era el día de la mudanza. Cajas, cinta canela, marcador, bolsas negras. Tiré muchos objetos que no necesitaría; rematé refrigerador, litera y regalé la estufa, así como la vieja recámara que tenía. Cajas y bolsas salieron de casa, se quedaron, y obvio, me traje todo lo que aprendí en los tres años más intensos de mi vida.
Esta noche hace frío. Escribo desde el Chai del Centro mientras tengo internet en casa y reaprendo a cruzar 16 de Septiembre, a caminar por Maestranza, Colón, Juárez, Chapultepec. Me vuelvo a acostumbrar a otra manera de andar, de ver, de hablar, de comer, a los espacios, y no voy a negarlo: Esta ciudad me gusta, siempre me ha gustado y poco a poco recuerdo por qué.
Tengo el piso de arriba del departamento de Manzano hecho un desastre. Así será mientras termino de arreglar hasta hacerlo habitable. Esta vez comparto espacio y viene bien. Me he vuelto algo ermitaño. Lo que sigue es darle tiempo, de calidad y con disciplina, a mis textos, no olvidar que soy escritor antes de ser empleado, y reencontrarme con los amigos que me siguen guardando un espacio.
Estoy de regreso.

jueves, enero 21, 2010

Salir de casa, volver a casa


Llegar a Tequila fue para mí la oportunidad de emprender una aventura, de crecer, de salir de un estado de confort donde todo lo tenía resuelto para tocar piso de nuevo y entender situaciones y posturas que no me entraban en la cabeza. Un día, decidí quemar mis naves para no regresar a casa hasta cumplir con el compromiso de tres años de trabajo que han sido, y lo menciono cada que puedo, los más intensos de mi vida.
Esta mañana es la primera vez que me siento fuera. La misión ha sido cumplida, pienso. El “¿ahora qué?” suena en las personas que me saludan, en mis amigos, en mi familia, en mi mente. Siempre he estado convencido de que crecer es lo que me puede hacer mejor persona. Entonces, me leo, me escucho hablar y noto cambios que mi madre también reconoce. El antes y el después de mi persona resulta ser otra obra de la administración 2007-2009 de Tequila que se entrega el último día. Estoy contento, satisfecho de lo realizado pero consciente de que pude haber hecho mejor las cosas. Entonces volteo a la que fue mi oficina y desde un lado de la puerta del balcón escucho a Salamanca más inquieto, en busca de nuevas canciones, otros estilos, con el proyecto personal de un soñador, con una mujer que lo apoya y observa con admiración y con un niño que siempre lo mantiene sorprendido y fértil para aprender más. Ahora ve lo que muchos no ven y sabe encuadrar una imagen para captarla a través de la fotografía.
Al otro lado, Ana deja de esconderse, habla, se entera de todo como siempre, pero mantiene un juicio más justo. Entiende que comunicar no implica hablar mal de nadie y repite: “No hagan caso de todo lo que dice la gente”, lo dice y se lo dice a sí misma mientras aprende cómo dejar su vida privada en un cajón del que sólo ella tiene llave. El no está, no puedo, no tengo, desaparece de su vocabulario y comprende que todo tiene solución.
Me levanto un poco de mi silla de equipal para ver a Raúl, más práctico pero con un sentido creativo más desarrollado. Los resultados salen a la vista, los nota la gente que recibe uno de sus diseños. Explora en la red, descubre, mejora y se siente más cómodo.
En la oficina se respira cordialidad, risas, risotadas, bromeamos, a cada uno le toca ir de bajada en cualquier ocasión. Levanto el teléfono y escucho siempre un comentario picante de Rocío, de quien escuché por primera vez el “comoahiqué” y las observaciones acertadas, en ocasiones duras, matizadas con una seria risa.
Entonces llega Juan Carlos. Le echa un ojo a la botella que tengo detrás de mí, en el librero. Gil aparece poco después con unas cocas de taparosca. Entramos a la junta y bebemos refresco “fortalecido” para soportar el tedio y cada que bebemos entendemos que rompemos reglas. ¡A gusto el puerco! A la voz de “vale” o del “cámaraisión” quedamos de vernos después para comer unas albóndigas que prepara Maye, su esposa, y me lleno de la sonrisa de Heidi. “PAPAAA”, dice con su ronquita voz mientras juega. Los Aguirre aparecen con sus familias, todas una copia de la familia de la que vienen, donde el amor reina en el sentido más completo y donde ese reino lo comparte cada uno con la mujer de su vida. Me veo, veo a mis hermanos, veo a mi familia.
Con una risa y un chiste pelado está también Beto; Carlos y él son siempre cercanos, en las buenas y en las malas. Me hacen recordar el sentido de la amistad que se acerca a la hermandad, donde nos aceptamos como somos, hacemos lo que queremos, y nos apoyamos aunque no estemos de acuerdo con lo que el otro decide. Ahí es donde aparece la verdad, el valor de decir: haz esto, no la cagues, cuidado. Apenas descubrí el gusto de llegar un sábado al medio día a comer potaje yucateco y ceviche de res. Aprender a ser disponible y dispuesto es uno de los motivos que me hacen crecer. “Ya es un Aguirre”, dicen y es una manera de acercarme que agradezco con el corazón.
Mi casa, por la Filósofos, puede contar muchas más historias. Carlitos llega enorme en forma e inmenso de corazón y alma, chupándose los dedos de las papitas que se acaba de comer y listo para el “fondo fondo fondo” de la reunión. Siempre sonriente con el “salud” en la mano derecha, se doblega por la nostalgia, mira al pasado, se pone serio y sigue adelante.
A la visita se agrega Vladimir, quien seguramente seguirá la fiesta en otro lugar. Para oreja, se entera de cualquier situación y aprende a callar. Es de esos amigos con los que me puedo sentir seguro cuando de hablar del corazón o la razón se trata, y el mapa de referencia que se puede leer desde los portales, siempre con la respuesta de quién es quién y con quién. Mucha gente se sorprende de que conozca más gente -siendo de fuera- que muchas personas que viven aquí desde siempre. Eso se lo dejo a Vladis, hermano de mi hermana Vania.
Y si de hermandades se trata, tuve que llegar a este pueblo para conocer a mi hermana espiritual. Maribel y yo encontramos en Dios un sitio en común, donde Santo Toribio o el Niño de San Marcos fueron testigos de una unión para siempre. De Maribel es el re-aprendizaje de que todo tiene solución y de que la única manera de hacer las cosas es bien. A ella también le debo varios cambios positivos que se notan en cualquier parte. Como aquello de vestir como director y utilizar los medios para ayudarnos, cuando los haya, o mejor dicho: delegar. Hay situaciones en común que sólo ella y yo compartimos. Además, estaré siempre, siempre agradecido de que me haya compartido a su familia. A Francis y Fidencio los veo como mi imagen paterna aquí y entrar a su hogar significa respirar amor y armonía.
Con Maribel, Alicia y Rosi hice un equipo donde hubo encuentros y desencuentros que como le digo a Alicia, hay que saber leer. Las circunstancias son así, esto es un trabajo y la amistad es punto y aparte. Pienso en todo esto mientras saboreo el cocido de res de ella, mientras hablamos de prudencia y nos encontramos de buenas o de malas.
Con Rosi confirmo que la belleza sí se lleva con la inteligencia o que ésta última hace que la belleza resalte más. La veo en San Martín de las Cañas, en su elemento, en un grupo, con niños que la adoran y madres de familia que no encuentran cómo agradecer. Atípica, es una rosa en el pedregal, una sorpresa que quita el aliento y un sitio para reposar las ideas.
En todo esto nos une Guillermo, el líder de un proyecto que llegó a buen fin y del que todos nos sentimos orgullosos. De su calidad humana, de su dureza en ocasiones y de su incansable idea de trabajar, todos sabemos, pero pocos entendemos que “súbete a la camioneta” significa olvidar lo del día, llegar sabecuándo y sabecómo.
En Tequila re-conocí el amor con Rosi después de muchos, muchos años. Ese sentimiento hizo que cerrara las relaciones huecas que cargaba desde Guadalajara y desde años, para por primera vez, después de mucho, dedicar mi mente y mi corazón a un solo nombre. También viví una relación linda con Yessi, quien cerró el capítulo de la manera más intensa que pudiera imaginar.
Insisto. Todo me pasó aquí: Golpizas, peleas absurdas, odio real de gente hacia mí, choqué en carretera contra una vaca y tuve pérdida total del auto, me chocaron por un costado en mi chevy, fui a bailes donde me aficioné a Jenni Rivera, me aprendí todas las canciones norteñas posibles, aprendí a beber tequila y muchas cosas que por ahora se me van de la mente.
Al principio de este texto menciono que regresaría a casa cuando cumpliera mi labor. Hoy me doy cuenta de que “regresar a casa” también significa volver a Tequila, mi otro hogar, con mi otra familia, con mis amigos, con mi cielo, con mi sierra, con el olor a dulce mezcal que despiden las fábricas y me recibe a diario.

lunes, diciembre 14, 2009

La no despedida

El día comienza con una llamada. Contesto. Es mi madre. "Hijo, ya me voy a Estados Unidos. Estoy en el avión. ¿Te desperté?". Apenas son las 7:30 y empiezo a razonar, a recordar lo de su viaje para visitar a sus hermanos. "Regreso el 23", dice. Entonces me quedo callado un par de segundos, de esos bien aprovechados en los que solemos pensar mil asuntos. No la vi ayer. Me tuve que quedar en Tequila por trabajo y no la vi ayer.
Desde hace días pienso en este post. Estoy en periodo de balance y evalúo cuánto gané, cuánto perdí cuando salí de Guadalajara. La FIL me sirvió para darme cuenta de que tres años son suficientes para mandarnos al olvido, para entender que muchísima gente me buscó allá mientras le serví y que ahora que no estoy en ningún medio, recibo menos sonrisas y saludos efusivos.
Me quedé a esperar la revisión del último informe de mi jefe Guillermo. Es hoy. En un par de semanas termina oficialmente mi ciclo aquí y ayer, domingo, la familia de mi papá se reunió en La Calera, en una de las dos o tres oportunidades del año en las que nos reunimos casi todos los primos y tíos en torno a mi abuela Nena. No fui. "Hay prioridades", dice mi papá. Tiene razón. No tuve manera de salir de aquí, como muchas veces sucedió en los tres años, y no recordé que hoy mi mamá saldría de viaje y la vería hasta Navidad. Ayer era el momento de estar con ella. Es cuestión de tiempo para que mi papá me vuelva a explicar esto de las prioridades y según sé, este año pasará Navidad con su familia en La Peñita. Lo quiero acompañar.
A pesar de esto, la distancia con mi familia es mucho más corta que antes. Ellos saben que estas tres semanas han sido las más pesadas del año acá y, finalmente, me regreso empezando el año y aún no sé a qué casa.
Lo decía, en el recuento han cambiado muchas cosas, he cambiado yo. Mi periodo de terapia me ha servido para entender esto del crecimiento que a veces es placentero y en ocasiones duele.
He hecho amigos, diferentes a los que tengo en Guadalajara y toco piso como nunca. Este asunto de la soberbia con la que me sentía antes de venirme quedó en el pasado, adquirí experiencia en asuntos de gestión y manejo de grupo, aprendí de mis compañeros, de mi jefe, asuntos que antes no me atreví si quiera a entender y ahora estoy más dispuesto a arriesgar.
Sí, duele no haberme despedido de mi mamá. Tenemos la dicha, en mi familia, de ser apegados, de tener muchas ganas de vernos siempre, de cantar juntos, de hacer el ridículo para que mi papá sonría, de jugar con los sobrinos, de perdonar y de comprendernos. Eso me deja tranquilo.
El paso que sigue es de planeación. Empiezo a incluir en mi literatura libros relacionados con temas empresariales y me emociona leerlos. Retomo lecturas para niños, hago planes para mi regreso y veo la manera de dejar un pie en Tequila para ayudar en el desarrollo de temas culturosos.
Dice mi madre que sueño pero no hago nada. Dice, corrijo, que ya hago algo al respecto. Lo dice cuando me hace notar cambios que he tenido acá.
En fin. Hay mucho trabajo hoy en la presidencia y a partir de mañana, mucho trabajo propio. Pero en el inter, quiero ir a Vallarta para visitar a Miriam, antes de que también se vaya de viaje, porque es de las personas que siempre me recuerda la importancia de no abandonar lo que sueño. Aquel sol siempre me ha ayudado a aclararlo todo.

martes, noviembre 24, 2009

Tiempo perdido / Tiempo invertido


Hago una relectura de Momo, de Michael Ende, y mientras me vuelvo a encontrar con ella y sus amigos Bepo, Gigi y la tortuga Casiopea, me veo reflejado en los hombres de gris, encuentro en mis amigos, en mi familia, en la gente que veo a diario, algo de ellos.
Los hombres de gris procuran que nadie los recuerde, se presentan un día, hacen números a cerca del “tiempo perdido” y abren una cuenta. Ellos son expertos en lo que llamamos “aprovechar el tiempo” y elaboran agendas donde el tiempo para darle de comer al perico, de visitar a la familia, de jugar, de ir al cine, de hacer una llamada para saludar, incluso de comer, no aparece.
Momo y sus aliados son capaces de resistirse a esto, porque a pesar de que se esconden los hombres de gris, los recuerdan, saben que existen, los enfrentan con tal de conseguir que las personas recuperen su tiempo libre.
Estaba en la preparatoria cuando leí por primera vez este libro, y aunque Momo es literatura fantástica, aborda un tema real que hoy me preocupa más que entonces. Periódicamente no tengo tiempo para comer, tampoco para levantar el teléfono y preguntar a mi mamá cómo está, para escribir, leer, salir de campamento y menos aún para estar con mis amigos o asistir a un cumpleaños o a una FIL. De la misma manera que Momo puede ver a los hombres de gris mientras los demás no lo hacen, ahora estoy más consciente de ese tiempo invertido (y perdido) en el trabajo.
Todos somos el espejo del otro, esa reflexión aparece también en la novela. Así, me veo en la gente que conozco. Pero me preocupa, sobre todo, notar esa pérdida de vida “invertida” en más tiempo con la gente que amo; como Hugo que decide no comer a sus horas (o de plano no lo hace); como Miriam, que es incapaz de saludar y para no hacerlo mejor bloquea del msn a las personas que la quieren; como Norma que prefiere no descansar y a quien le parece que el tiempo para ella vale menos; como Liz, que nunca tiene tiempo tampoco; y sobre todo, como yo que he hecho lo anterior y mucho más.
Mi estancia en Tequila me hizo ser así también. Curioso, porque vivo en un pueblo donde se supone la vida es más leve. Pero esto del tiempo no depende de un sitio, sino de uno mismo.
Así he desatendido a mi familia, a amigos entrañables e indispensables como Toni, Carmen, Rocío, Betha, Gabi, Mario, Fredy, Tessie, Triana, Cynthia y muchos otros. Y hacerlo consciente, ayuda. Hoy me preocupa, y en la medida de lo posible, poco a poco, empiezo a corregir esto del tiempo, a recuperarlo, a tenerlo “libre” para situaciones a veces más importantes que el trabajo y que a su vez, son las que indican que vale la pena vivir. "Hay prioridades", dice mi papá, y se refiere a la gente que queremos y nos quiere.
Los hombres de gris nos rondan y dominan, pero descubrirlos y contarle a los demás que existen, hace que desaparezcan. Por no tener tiempo libre podemos perder a los amigos, la familia, los amores, el gusto por ver, escuchar, probar, de sentirlo todo. Recuperarlos, no siempre es fácil, no siempre se puede.

jueves, octubre 29, 2009

¡Salú Daviiiiii!


Se podría escribir un anecdotario vasto relacionado con David "Negro" Guerrero. Quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y ser parte de su larga lista de amistades, tenemos mucho qué contar. Angélica Iñiguez me platicó hace años que cuando en El Saltaperico hacía el personaje de "Ruidín Campanoso", el Negro se subió a una silla y se tiró un pedo en el micrófono. Todo salió al aire, y nadie negará que enseñaba diferentes sonidos a los niños.
Hoy, todo el mundo habla de lo bueno que era, de su importancia como periodista, promotor cultural, productor, elogian su voz, su manera de leer, dicen que representa una página importantísima en Radio UdeG (aunque por asuntos de política lo tenían congelado), y bueno, lo que se espera escuchar de quienes se van de este mundo, casi al grado de canonizarlos.
En mi caso, tengo flachazos que quiero compartir, de todo.
1. Escuchaba al "Negro" Guerrero cuando empecé a sintonizar Radio UdeG. Entonces conducía el noticiero matutino, de 7 a 9 de la mañana.
2. Cuando entré a la radio a hacer prácticas, lo vi por primera vez. Obvio, lo imaginaba diferente. Sí, estaba tan prieto como pensaba. Pero uno idealiza las voces. Resultó estar, además de prieto, chaparro, cabezón y feo.
3. En la primera charla que lo escuché, en vivo, reconocía que estaba orgulloso de su parte femenina. Me cayó bien.
4. La frase que siempre me acompaña me la dijo en un regaño: "Tú a mí no me enseñas nada. De ti aprendo".
5. Luego de una borrachera en la FIL, yo salía con Michelle (chica canadiense que marcó mi vida) y se nos pegó para seguirla. Fuimos a bailar a La Tropicosa y después no sabía cómo deshacerme de él para perderme con la güerita, hasta que de plano le dije que ya lo dejábamos en su casa. Se enojó conmigo.
6. Nos quedamos en su casa Gil Domínguez, Lore, Negro y yo. Hicimos música con sonidos. Fue divertido.
7. Las fiestas en su casa de Independencia eran interminables y llenas de todo exceso.
8. Con él, en Lagos de Moreno, vi la derrota de México frente a Argentina en el mundial de Corea-Japón.
9. Lo recuerdo incontables ocasiones en La Fuente, gritándole a Meño, y en La Mutualista, gritando desde la calle que le abran.
10. Se ponía loción Samborn's, decía que le gustaba oler a viejito.
11. Para saludar hacía que sonaran las manos y abrazaba con fuerza. Era entretenido caminar con él porque en todas partes conocía gente, lo saludaban, platicaba, y fuera a donde fuera no era raro que desviara el camino para llegar a una cantina.
12. La última vez que lo vi, fuimos a su programa "Los sueños del éter", a las 6 de la madrugada. Estaba feliz de que le llevara música de Antonio Aguilar. Fue divertido ver cómo torcía la boca para hacerle como gallo. Nos reímos mucho: "¿Cómo estás Pancho? ¿Tendiste la cama? Me levanté y no me habías hecho el desayuo", dijo. Al terminar, a las 7 de la mañana, se fue al Seven a comprarse un New-Mix.
13. Pienso que fue una de mis influencias más importantes en asuntos de amores. Si digo que besó casi a todas, no exagero.
14. Verlo con Frida fue sorpresivo, sobre todo en su época de Lagos de Moreno. Él tenía, al fin, una familia. Los hijos de ella lo veían como su papá y su hija heredó todo el carisma que le conocimos. Es un sol.
15. Nunca negó ser bebedor y querendón, amiguero, y como dijera parafraseando a Antonio Aguilar: ¡Capitalino, capitalino, mujeriego, mujeriego, pero sieeeempre ser sincero!
16. Salú
*Foto robada de "La Gaceta" de la UdeG.

martes, octubre 27, 2009

Mario se une a Pati






Llego a Ajijic. Afuera de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe estaba Mario muy bien vestido, sereno pero sonriente. ¿Cómo te sientes?, le pregunto. Chingón, tranquilo, dijo con una actitud que refleja una seguridad que se contagia. Me tranquilizo. Confieso que en el camino de Tequila a Ajijic me sentí nervioso, nostálgico, ansioso, me compré un whisky de esos preparados en un oxxo y canté. Puse, obviamente, a "El Pirulí", y por mi mente pasaron escenas que compartimos con Fausto, con Fredy, con el Chino, nuestros viajes a Vallarta, a San Sebastián del Oeste, una cerveza fría en la mano, en la garganta y la certeza de que la felicidad sabe así, se siente así.
Vallarta. En un viaje de esos para recibir el Año Nuevo, conocimos a Pati, o Maripi. Nos pareció bonita a todos, pero jamás imaginamos que tiempo después sería parte de Mario, parte de nosotros.
En la celebración religiosa suena la orquesta de cámara, entra Mario, Fredy me ve. Quiero llorar, me dice. Yo también. Paola nos tranquiliza. Me siento feliz. Veo a Pati. Está contenta. Se miran. La felicidad se ve así. Se dicen, acepto, la gente aplaude.
A la salida nos encontramos, hermanos de escultismo, de historias, de corazón, de recuerdos, de siempre. Tere, Fausto, El Primo, Chino, amigos como Christian (quien tuvo su qué ver con el vínculo que se hizo en ese momento).
Teníamos 11 años. Físicamente, Mario era como la copia de Joselito y traía una pañoleta blanca. Los dos éramos de los más chicos en la tropa. Él entró en la patrulla Condors y yo en la Linces. Desde entonces nos hablamos. Un tiempo cada quién tomó su rumbo hasta que a los 15 nos volvimos a encontrar. Ese tiempo, con Dani al frente, todos nos conocimos mejor, nos acercamos, nos convertimos en una familia.
La fiesta es en la casa de los Gerber, al borde del Lago de Chapala, en medio de un jardín perfectamente bien cuidado, por la tarde, bajo un calor delicioso, entre gente que ama a los novios.
En dos mesas nos acomodamos. Después llega Luis Amor, Paola, todos con sus parejas, los papás y las hermanas de Fausto, sin niños, fue clara la invitación. Y lo que para papás y mamás era una molestia porque tendrían que acomodar a sus hijos antes de ir, se convierte en una ventaja. Nos disfrutamos como nunca. Reímos, recordamos, discutimos, cantamos, bailamos y fuimos parte de ese clima amoroso que rodeó a Mario y a Pati. Decidí disfrutar ir solo y ver a todos contentos, mis amigos con mujeres excepcionales, guapas, divertidas, mis amigas con hombres que las adoran.
Una buena orquesta, el Sol reflejado en el lago se esconde, nos tomamos fotografías, nos abrazamos, cambiamos de lugar, Fredy conmemora 20 años de haber contado por primera vez "El de las calabacitas", somos nosotros mismos, sin máscaras, sin formalismos, sin preocupaciones. Así se vive la felicidad.
Caminamos años enteros, cruzamos sierras, subimos, bajamos, encendimos una fogata bajo la lluvia, lloramos frente a una fogata, nos enamoramos, nos enojamos, nos perdonamos, estamos al pendiente, nos extrañamos, cantamos, bebemos, vemos juntos el amanecer, crecemos, y seguimos donde mismo, en la misma familia. Nos hicimos hermanos.
Nos quedamos hasta que termina la fiesta, como siempre. Llegaron Paloma y Fer. Todos comentamos lo contento que se ven Mario y Pati. Todos deseamos conocer más a Pati, convivir con ella, sabemos que sucederá y que la querremos como a Penny, a Magui, a Paola, a Mirna, a Norma, al Canis.
Nos despedimos de Mario y Pati, los felicitamos, notamos que nuestro Mayito está en buenas manos. Cenamos tacos en Chapala, prolongamos el encuentro, reímos hasta llorar, nos despedimos con un abrazo y cada quién salió a su casa.
Lo digo cada que puedo: Mi mejor día de 2009. Quizás tiene qué ver con que es el último de mis hermanos que se casa (eso me hace oficialmente el único soltero). Quizás tiene qué ver con que al fin decidí disfrutar las bodas sin preocuparme de mi futuro, y qué mejor que comenzar con esta.
* En la foto de arriba, todos; en medio, los novios ahora esposos; abajo, Fredy, Chino, Mario, Fausto, yo, Primo y Amorcito (Luis). Incluyo el video de Las Calabacitas en su 20 aniversario. Disfrútenlo.

viernes, septiembre 04, 2009

Ciclo cerrado


Que el nuevo coordinador editorial decidió dejar de prescindir de algunos colaboradores; que no entregué una columna. Como sea. Desde el pasado miércoles estoy fuera de El Informador, con quien mi único vínculo seguía siendo la columna "Apreciación del arte". Yo opino que el periódico no se pierde de mucho, y estoy seguro de que yo tampoco. Estoy tranquilo porque no le debo nada ni me debe nada, así que estamos a mano y en paz.

Hace varios años, casi 10, Franco (a quien sigo considerando mi amigo aunque no me hable) me invitó a dejar la Secretaría de Cultura para ingresar a este diario que resulta ser el más antiguo y de mayor tradición en Guadalajara. Así fue como comencé una carrera en el periodismo cultural que he procurado no desatender.
Aprendí mucho de él, de Ana, Aurora, Zul, Liliana, Aracely, Lupita, Eduardo, Liliana, Aimeé, Palos, Almádez, Nacho, y sobre todo de quienes para mí fueron lo más duro de esta experiencia: Carlos, Salomón y ahora Verea. Todos ellos y varios más que se me escapan son mis maestros de periodismo en la práctica. Con todos deseo ser agradecido.
Prácticamente, el que aquí escribe, comenzó a hacerse profesionalmente allí, luego de sus dos primeras escuelas: Radio UdeG y Secretaría de Cultura. En esa redacción de Independencia y Pino Suárez crecí, estreché lazos, me di a conocer y me hice de muchas palabras, de este don que me recordó Juan Pablo Cerrillos que tengo.
Esta salida de El Informador la veo como el cierre de un ciclo. Y llega a tiempo. Justo cuando veo resultados positivos y buenos comentarios con la revista que edito: La Membrana, y poco antes de que llegue Liliana Zamora para trabajar un proyecto que queremos hacer, y justo minutos después de que Carlitos López de Alba me invita a publicar un libro, o cuando apenas hace dos semanas Triana y Cynthia me llaman de nuevo para Mundo Caracol... ¡Y lo que falta!
Siendo honesto. Ese día me dolió. Sentí como si dejara a una novia de muchos años (que nunca he tenido) luego de que lo nuestro ya sólo era costumbre. Eso fue el miércoles. Hoy, me siento en paz y con mucho camino por recorrer. Ese ciclo, lo he cerrado y con la frente en alto.
*Foto tomada en el módulo de El Informador de la FIL hace algunos años. Ya la había publicado hace dos años, pero ahora viene al caso.

jueves, agosto 20, 2009

Doce pasos

Hace varios años asistí a una sesión de AA. Se trataba de los 30 años (o algo así) sin beber, de mi tío abuelo. "Mi nombre es G, y soy alcohólico", dijo. "¡Ánimo G!", respondieron los compañeros que estaban presentes. Por el estrado vi desfilar a un hombre, a otro, a otro, todos hablando de los problemas que tenían o tuvieron, por su manera de beber. Y cuando hablo de problemas, me refiero a situaciones en las que cualquiera puede pensar que no se levantará jamás. Vi llanto, había risas, y mucho, pero mucho dolor.
Todos ellos habían hecho todo el daño posible a la gente que más amaban, decían que se extraviaron por completo hasta convertirse en alguien sin vida propia, incapaz de gobernarse, sin ese poder de decidir por sí mismos. Entonces yo volteaba a observar el salón con la esperanza de encontrar a alguien de su casa. Nadie. Ni su esposa, ni sus hijos, ni sus nietos. Ya después entendí que a todos los perdió por el alcohol. Sólo estábamos mi madre, mi tía y yo como familiares.
Esa noche viví una experiencia inolvidable y terminé admirando a G., así como a los hombres que asistieron, que se trataban como hermanos, y que mencionaron que habían sido descatados por él. Entonces valoré a esas personas que, sin embargo, en el pasado habían hecho mucho daño y pudieron ser juzgadas como lo peor del mundo.

Ya va a ser un año desde que decidí pedir ayuda para salir de un hoyo similar. Era tiempo de lluvia también, cuando me acerqué a Raquel para explicar que quería resolver una especie de disfunción que tenía para relacionarme sentimentalmente con las mujeres. Entonces confesé todo el daño que le he hecho a muchísimas y noté el daño que me he hecho también, al grado de perder el control y verme incapaz de gobernarme.
El proceso ha sido largo. He tenido que reconocer y enfrentar mi adicción a esta adrenalina que se produce cuando deseo conquistar a una, a otra, a la que sigue, y así, sin parar, hasta obtenter todas las relaciones sexuales posibles. Lo que seguía era escapar.
A gente cercana a mí le he explicado que por esta razón sigo solo. Y que por lo mismo, me he dedicado a echar a perder oportunidades con gente que me ama y que podría amar yo, al grado de lastimarla.
Mirarme frente al espejo ha sido duro. Muy triste. He encontrado a la peor persona que puedo conocer, he sido rudo conmigo mismo, y lo más difícil de todo, me he perdonado y he comprendido que de esos errores no tengo más que aprender y crecer. En esa búsqueda, en un rincón, encontré a mi niño olvidado y lleno de miedo, y me encontré a mi adolescente convencido de que va a fallar en todo lo que se proponga.
También me descubrí desarrollando un sistema perfecto en el que hasta yo me engañaba al hacerme creer que "quería" a alguien cuando en realidad mis fines eran otros. Todo esto, sin darme cuenta de nada; como dije, sin control. Quitarme la venda también ha sido terrible. Sin embargo, a pesar del dolor que he causado, de las mujeres que pueden sentir odio hacia mí por lo que hice, confesarlo y ofrecer una disculpa me está dando mucha paz (entiendo el enojo y el rencor que puedo producir y asumo mi parte).
La verdad duele, bastante, pero me doy cuenta de que la verdad absoluta, donde se incluyen las partes positivas y negativas, puede darme paz.
Quizás poca gente entienda este proceso. Seguido me preguntan por qué tomo esta decisión o aquella. Todo parece incongruente, pero lo que hago tiene un fin (al fin soy consciente de lo que hago) y comprenderé perfectamente si en el camino hay gente desencantada, decepcionada o molesta con lo que he hecho. Hoy prefiero ser honesto de verdad y confesar que he mentido en ocasiones, con el lógico riesgo de perder toda confianza. Hoy digo "no". Hoy le daré tiempo a quienes amo de verdad. Hoy sé que al final quedará la gente que siempre ha estado conmigo.
Estoy descubriendo que mi proceso no dista mucho de ser como el de recuperación de AA. Cito: 1. Admisión del alcoholismo; 2. Análisis de la personalidad y catarsis; 3. Reajuste de las relaciones interpersonales; 4. Dependencia de un poder superior; 5. Trabajo. Lo anterior se logra a través de los tan famosos "Doce pasos" (http://www.aamexico.org.mx/docepasos.html).
Esta noche siento la necesidad de hablarlo y compartirlo. Gracias. Esta noche, como ayer, como mañana, estoy contento conmigo.

"¿Estás en los doce pasos?", me preguntó una amiga. Sí. Soy Francisco y soy un adicto.

martes, agosto 04, 2009

Uno escribe

Acabo de encontrar este poema en La Manzana. Hace tres años, poco más, este periódico cultural dio inicio en Guadalajara con mi amiga Ingrid Valencia al frente, con Fernando de León en la edición. Desde el inicio me invitaron para encargarme de la sección infantil y la de artes plásticas. Desde entonces, el proyecto ha crecido y procuro no perderle la pista. Extraño colaborar con ellos.
Por otra parte, a Raúl Bañuelos lo conozco de más tiempo, a través de David "Negro" Guerrero. Se trata de un poeta en toda la extensión de la palabra y desde hace mucho me gusta leerlo. Esta vez, con este texto, me abrió los ojos de muchas formas. Supongo que el fin de la poesía es tocar el alma con la voz. Éste lo consigue conmigo.

Uno escribe
Raúl Bañuelos

Uno escribe porque fue niño
y aprendió a escribir en los cuadernos
y en las cosas

y porque ya está crecido teniendo asombro
por las cosas que viven y por las que mueren

Uno escribe porque la muerte vive
y lo carga en hombros por el camino

y porque la vida está viva
como quien la siembra de su agua
y su sol constantemente

Uno escribe porque es incapaz de cantar como
ciertos pájaros
y canta a su modo

Uno escribe porque la luna permanece
entera ciertos días

Porque hay mar y dónde
poner los pies en la tierra

Uno escribe por el ojo de una aguja

desde el ojo de un águila

a causa de uno ojo de agua
Uno escribe porque un día
leyó un poema quechua: “Se supone que
debo
partir hoy.
No iré. Iré
Mañana. Cuando parta me verán
tocando una flauta de huesos de mosca;
una tela de araña será mi bandera;
un huevo de hormiga será mi tambor
y mi sombrero el nido de un colibrí”.

Uno escribe por el viento
que le dice cosas al oído

por las paletas de fresa y los deshielos,
por los gajos de naranja y las abejas,
por los creadores diarios del mundo
más directos y visibles.:

el albañil que carga en los ladrillos y en la
mezcla
la materia cercana al universo,
el zapatero que junta en sus manos
distancias imposibles,
el campesino que suda en su cuerpo los cansancios
del alma propia y ajena,
la obrera que deja en la fábrica años
de lucidez y locura

Uno vive por la herida que despierta el sueño
por las moscas que hacen velar la herida
porque la luz es siempre ella misma
y no agota nunca su gracia
de hacernos ver las cosas

Por Dios, la libertad, la alegría
por todo lo que sabemos
por lo que hace falta

Por el lápiz con que escribe
escribe uno

viernes, julio 17, 2009

Allá tú, Álvaro


"¡Franco!", decía Álvaro cada que nos veíamos.
Hace varios años lo conocí a través de la televisión. Él, con un ingeniero, se ponían a platicar acerca de lo que sucedía en la calle. Captaban con una cámarita frases mal escritas en letreros que encontraban o casos curiosos, y lo comentaban. Me reía mucho al verlos. Me parecía que el suyo era un humor ácido, inteligente, audaz. Y quedaba sorprendido de cómo, dos hombres de edad, sentados, podían mantener mi atención con lo que decían.
Hace poco, Álvar me contó cómo fue que salió de televisión. Parafraseo:

Estaba en Canal 6 cuando se transmitía desde Avenida Circunvalación. En ese tiempo, llevaba mi camarita a todas partes para hacer tomas de lo que encontraba, y me encontré en la torre de Televisa Guadalajara unos zopilotes dando vueltas. Lo grabé, y grabé también un nido de águila que había en la torre de Canal 6. Entonces, al aire pasamos las dos tomas y preguntamos al público dónde prefieren estar, ¿donde rondan los zopilotes o donde se postra una águila?
Tiempo después, al Canal 6 lo compró Televisa. Y fui a preguntar si con este cambio íbamos a seguir al aire. Me preguntó el directivo:
-¿Usted es Álvaro González?
-Sí.
-Ah. Entonces no.
-¿Por qué?
-Porque usted es el de los zopilotes.

Muchas mañanas, a las 6, desperté escuchando "Allá tú", un programa donde no había más que su voz y su sabiduría. Aprendí de dónde nacen algunas palabras, algo de historia de Jalisco y de México, y escuché críticas inteligentes de lo que sucedía en el momento. Todo aderezado con una voz argentina y un ritmo que le daba estilo propio. Lo vi en persona en algún aniversario de Radio Universidad -en el tiempo que laboré ahí-, donde escuchaba de él comentarios dignos de una leyenda. Escuché cómo se llevaban de groserías el Negro Guerrero y él, y me cayó mejor.
Pero el contacto ya directo con Álvar fue en Tequila. Él vino con dos amigos alemanes que tenían planeado filmar un documental para la UNESCO, donde apareciera el paisaje agavero como Patrimonio de la Humanidad. Vimos lugares, le presenté a algunas personas, y prácticamente trabajamos juntos en el scouting y un poco en la producción. A Ana, mi secretaria, la acusó de "mataviejitos" porque los puso a caminar mucho cuando fueron a conocer Los Lavaderos, y sufrimos juntos con el ego del equipo de producción que contrataron los alemanes. El resultado, al final, fue espléndido.
Hoy me enteré por medio de Radio Universidad de su reciente fallecimiento. Él murió ayer, estaba enfermo del corazón, y me puse triste al saberlo. Alicia fue a la misa. Yo no quise. Mejor le dediqué un tiempo en la Capilla de Los Desamparados y le agradecí a Dios haberlo conocido y que me haya considerado su amigo.
Voy a extrañar los correos de este verbotraficante, pero hay manera de seguirlo escuchando en su página web: http://www.alvargonzalez.info/ y en Radio Universidad transmitirán algunos programas suyos a manera de homenaje.
Si tú que lees lo conociste o lo llevaste a ver o escuchar, y tienes algo qué agregar, te agradecería que lo compartieras para sumarnos a este sencillo homenaje.

miércoles, junio 03, 2009

Zacatecas



Mi madre y yo acostumbramos regalarnos un día para celebrar mi cumple y el día de las mamás (coinciden en fecha). Entonces nos vamos al cine, a comer, a cenar, platicamos y estamos nada más el uno para el otro. Este año, supe que ella y mi tía Martha irían a Zacatecas con su grupo de pensionados y decidí tomarme una semana de vacaciones para acoplarme. Empaqué mis cosas, las alcancé allá y disfruté mucho su compañía mientras me daba cuenta de que hace muchos años que no tomo una semana de vacaciones. Quizás cinco o seis.

Recuerdo mucho que alguien dijo que descansar es parte del trabajo porque nos hace rendir más. Y también, el descanso cuenta con ese espacio encargado de crear: el ocio. Zacatecas es un lugar para observar con atención. Sus calles, museos y edificios, hacen un conjunto único en nuestro país. Antes la comparaba con Guanajuato, pero ahora estoy seguro de que esta ciudad me gusta mucho más porque no huele feo, su gente es más bonita y cuenta con museos llenos de magia.

Ya tenía un par de deudas. Con mi mamá y mi tía visité el Museo Rafael Coronel y me dejé impresionar por la colección de máscaras, pero sobre todo con la de títeres de Rosete Atanda. Luego de mucho caminar, de reír con mis doñas favoritas y de echarnos una bailada por la noche en la cena de los jubilados, donde por cierto fui testigo de pasiones sin edad, me quedé solo.

El último día decidí dedicarlo al Museo Manuel Felguérez, único en el país dedicado al arte abstracto. Allí fui tocado en el corazón. La sensación de ver tantas piezas que me gustaron, hizo que en algún momento me quedara sobreestimulado. Era mucha información. Pero sin duda, lo que me dejó más impresionado fue la sala dedicada a Osaka, con obras de 10 x 12 metros. ¡Wooow!, y una donde se camina en un pasillo suspendido, y donde descubrí que el museo antes fue una prisión.

En Zacatecas también conocí, hace algunos años, a Martha. Aprovechamos para cerrar un ciclo y darme cuenta de que crecer no siempre es placentero.

En fin. Las vacaciones terminaron en el cumple de Vania, en El Calavera, donde lo pasé genial con tres amigas a quien me dio harto gusto ver, y en el teatro, donde al fin pude ver "Canek".